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Buscaba un sustituto barato de la goma laca para aislar cables eléctricos. Terminó inventando el primer plástico totalmente sintético de la historia, el material que hizo posible el siglo XX

En 1907, el químico belga-estadounidense Leo Baekeland, buscando un reemplazo sintético para la goma laca usada en el aislamiento eléctrico, patentó un proceso para endurecer de forma permanente fenol y formaldehído. El resultado, la baquelita, fue el pri

✍️ Montse 📅 29 de August de 2026 ⏱ 4 min de lectura 👁 0 visitas
Buscaba un sustituto barato de la goma laca para aislar cables eléctricos. Terminó inventando el primer plástico totalmente sintético de la historia, el material que hizo posible el siglo XX

Un problema aparentemente menor: aislar cables sin depender de un insecto asiático

A comienzos del siglo XX, la industria eléctrica en plena expansión —radios, teléfonos, interruptores, cableado— dependía en gran medida de la goma laca, una resina secretada por un insecto originario del sur y sudeste de Asia, recolectada a mano en enormes cantidades para recubrir y aislar componentes eléctricos. Era una cadena de suministro lenta, cara y poco fiable para una industria que crecía a toda velocidad. Leo Baekeland, un químico belga emigrado a Estados Unidos que ya había hecho fortuna inventando el papel fotográfico Velox, vendido después a Kodak, se propuso hacia 1904 encontrar una alternativa sintética.

Un material que no se ablandaba con el calor, al contrario que todo lo anterior

Baekeland experimentó con reacciones entre fenol y formaldehído, sustancias que otros químicos ya habían combinado sin demasiado éxito comercial, obteniendo una resina soluble que llamó Novolak y que no rendía lo suficiente como para ser útil. Trabajando en un laboratorio casero en Yonkers, Nueva York, refinó el proceso controlando con precisión la temperatura y la presión en un aparato al que llamó 'baquelizador', hasta lograr en 1907 algo genuinamente nuevo: una resina que, una vez curada, se volvía dura y rígida de forma permanente y, esto era lo decisivo, no se ablandaba de nuevo al recalentarse, al contrario que la goma laca o cualquier resina natural conocida hasta entonces. Presentó la solicitud de patente en julio de 1907 y anunció públicamente su descubrimiento en una reunión de la Sociedad Americana de Química en febrero de 1909.

El ángulo menos contado: el material no se hizo famoso por lo que se inventó

El objetivo original de Baekeland estaba centrado, de forma bastante estrecha, en el aislamiento eléctrico, pero el verdadero impacto cultural de la baquelita llegó por otro camino: como podía moldearse bajo calor y presión en casi cualquier forma y después mantenerla de manera permanente, los fabricantes de los años 20 y 30 la usaron para carcasas de teléfonos y radios, joyería, utensilios de cocina, empuñaduras de pistolas y piezas de automóvil. Se convirtió, de hecho, en el primer plástico de consumo masivo, el material que dio a los objetos domésticos 'modernos' el aspecto y el tacto que tuvieron durante toda una generación, mucho más allá del problema eléctrico que Baekeland había querido resolver al principio.

De la baquelita a un problema que todavía no existía

Baekeland fundó la General Bakelite Company en 1910; tras años de litigios de patentes con competidores que intentaban copiar la fórmula, la empresa se fusionó con sus rivales en 1922 para formar la Bakelite Corporation. Hacia 1944, la producción mundial de baquelita rondaba las 175.000 toneladas anuales, repartidas en más de 15.000 productos distintos. El invento de Baekeland abrió la puerta a toda la industria del plástico que vino después —poliestireno, PVC, nailon, polietileno—, ninguno de los cuales existía todavía cuando presentó su patente, y nadie en 1907 podía relacionarlo con un problema que solo se haría visible muchas décadas más tarde: la misma durabilidad que hizo tan útil a la baquelita y a sus sucesores es la propiedad que permite que los residuos plásticos persistan en el medioambiente durante siglos.

Por qué importa hoy

Once décadas después de que Baekeland creara un material pensado para no ablandarse ni degradarse jamás, los químicos trabajan hoy en el problema contrario: descomponer el plástico de forma deliberada, y hacerlo rápido. En mayo de 2026, investigadores de la Universidad de Leipzig, en Alemania, publicaron en Nature Communications variantes mejoradas de la PHL7, una enzima aislada por primera vez de compost en 2021 capaz de digerir el PET, uno de los plásticos más comunes en envases y botellas. Las nuevas variantes son más estables, más activas y funcionan incluso en agua corriente en lugar de necesitar las concentraciones de sal que requería la enzima original, mejoras que los propios investigadores describen como candidatas reales para uso industrial, con una empresa derivada, ESTER-Biotech, fundada en 2025 para llevar la tecnología a una planta piloto. Un siglo después de que Baekeland resolviera el problema de fabricar un plástico que durase para siempre, la carrera ahora es conseguir que deje de durar para siempre, cuando se le ordene.

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