Ideó un sistema de cuerdas y poleas para poder levantarse solo de la cama después de quedar paralizado por la polio. El mismo ingenio que le había dado al mundo la gasolina con plomo y los gases que agujerearían la capa de ozono terminó enredándolo hasta
El químico estadounidense Thomas Midgley Jr. inventó en 1921 el aditivo de plomo que eliminó el traqueteo de los motores de combustión y, en 1930, presentó en sociedad los primeros gases refrigerantes CFC, dos de los hallazgos con mayor impacto ambiental
Un ingeniero al que General Motors pagaba por resolver un problema de motores
En diciembre de 1921, trabajando en los laboratorios de investigación de General Motors en Dayton, Ohio, bajo la dirección de Charles Kettering, Thomas Midgley Jr. descubrió que añadir plomo tetraetilo a la gasolina eliminaba el molesto y dañino traqueteo de los motores de combustión. La empresa comercializó el aditivo bajo el nombre de "Ethyl", evitando de forma deliberada cualquier mención a la palabra "plomo" en su publicidad y su documentación comercial.
Una rueda de prensa para demostrar que no había nada que temer
Entre 1923 y 1925, la fabricación de plomo tetraetilo dejó un rastro de víctimas: el propio Midgley sufrió una intoxicación por plomo en 1923 y tuvo que tomarse unas vacaciones en Miami para recuperar el aliento; en 1924 murieron dos trabajadores en la planta de Dayton, ocho más en la planta de DuPont en Deepwater, y cinco en la nueva refinería de Bayway en sus dos primeros meses de funcionamiento, varios de ellos entre alucinaciones y episodios de locura antes de morir. El 30 de octubre de 1924, Midgley convocó una rueda de prensa en la que se vertió plomo tetraetilo sobre las manos y respiró sus vapores durante sesenta segundos para demostrar públicamente que la sustancia era segura, pese a conocer de primera mano su toxicidad. Poco después, el estado de Nueva Jersey ordenó el cierre de la planta de Bayway.
El ángulo menos contado: seis años más tarde repitió el mismo gesto con otro invento, y esta vez pagó la factura el planeta entero
A finales de los años 20, Midgley y su colaborador Albert Leon Henne desarrollaron el diclorodifluorometano, el primer clorofluorocarbono (CFC), comercializado bajo la marca Freon como alternativa segura a los refrigerantes tóxicos e inflamables que entonces se usaban en neveras domésticas, como el amoníaco, el dióxido de azufre o el cloruro de metilo. En la reunión anual de la Sociedad Americana de Química de 1930, Midgley repitió su viejo truco de la rueda de prensa: inhaló una gran cantidad de gas Freon y sopló para apagar la llama de una vela, demostrando ante testigos que el compuesto no era ni tóxico ni inflamable. El gesto funcionó: la adopción comercial del Freon fue casi inmediata, y su hallazgo le valió la Medalla Perkin en 1937, la Medalla Priestley en 1941 y la presidencia de la propia Sociedad Americana de Química en 1944.
Contrajo polio a los 51 años y no pensaba dejar que lo derrotara
En 1940, a los 51 años, Midgley contrajo poliomielitis, que lo dejó severamente incapacitado y con una movilidad muy reducida. Fiel a su instinto de ingeniero, ideó él mismo un elaborado sistema de cuerdas y poleas instalado en su dormitorio para poder incorporarse y salir de la cama sin depender por completo de otras personas.
La misma ingeniosidad que lo mató
El 2 de noviembre de 1944, a los 55 años, Midgley fue encontrado muerto en su domicilio de Worthington, Ohio, enredado en el sistema de cuerdas y poleas que él mismo había diseñado para ayudarse. El forense calificó su muerte de suicidio, aunque algunas fuentes posteriores la han descrito como un accidente derivado del propio mecanismo.
El hombre que un historiador describió como el organismo con más impacto negativo en la atmósfera de la historia
El historiador ambiental J. R. McNeill sostuvo que Midgley "tuvo un impacto más adverso sobre la atmósfera que cualquier otro organismo individual en la historia de la Tierra": el plomo de la gasolina se dispersó por el planeta durante décadas y se ha relacionado con daños neurológicos infantiles a gran escala, mientras que los CFC, sin regulación hasta el Protocolo de Montreal de 1987, abrieron un agujero en la capa de ozono cuyas consecuencias eran del todo desconocidas en vida de su inventor. La revista Time incluyó ambos inventos en su lista de "los 50 peores inventos de la historia".
Por qué importa hoy
El 16 de abril de 2026, investigadores del MIT publicaron un estudio que identificó un resquicio regulatorio en el propio Protocolo de Montreal: el tratado exime del control a las sustancias que agotan el ozono cuando se usan como materia prima intermedia para fabricar otros productos químicos, bajo el supuesto de que solo un 0,5% de esas sustancias se filtraría a la atmósfera durante el proceso. Las mediciones actuales, sin embargo, sitúan esa fuga real en torno al 3,6%, siete veces más de lo previsto. Según el estudio, ese margen de error podría retrasar unos siete años la recuperación completa de la capa de ozono a los niveles previos a 1980, de una fecha estimada inicialmente entre 2065 y 2066 hasta 2073. Ochenta años después de que Thomas Midgley soplara una vela para demostrar que el Freon era inofensivo, los compuestos que popularizó siguen encontrando grietas nuevas en el propio tratado internacional diseñado para eliminarlos del todo.