Publicó, cuatro años antes que nadie, la idea correcta de cómo se partía el átomo de uranio. La comunidad científica la calificó de 'prácticamente absurda' y la ignoró por completo, en parte porque era mujer y nadie esperaba una teoría suya
En 1934, la química alemana Ida Noddack, que nueve años antes había codescubierto el elemento renio, publicó un artículo cuestionando el anuncio de Enrico Fermi sobre nuevos elementos transuránicos, y propuso que el núcleo de uranio bombardeado con neutro
Una química que ya había encontrado un elemento antes de que nadie la escuchara sobre otro
Ida Tacke, nacida en 1896 cerca de Wesel, en Alemania, se graduó en 1918 en ingeniería química y metalúrgica por la Technische Hochschule de Charlottenburg, en una época en la que apenas un puñado de mujeres estudiaba química en el país. En 1925, trabajando junto a su futuro marido Walter Noddack y el físico Otto Berg, identificó el elemento 75, al que llamaron renio en honor a la región del Rin. El logro, poco frecuente para cualquier química de su generación y menos aún para una mujer, le valió en 1931 la Medalla Liebig y en 1934 la Medalla Scheele, además de tres nominaciones sucesivas al Premio Nobel a lo largo de esa década.
Un artículo que cuestionaba al físico más influyente del momento
En 1934, Enrico Fermi anunció haber creado, al bombardear uranio con neutrones, nuevos elementos situados más allá del propio uranio en la tabla periódica: los llamados elementos transuránicos, un anuncio que causó sensación inmediata en la física internacional. Ida Noddack, ya convertida en Ida Noddack tras su matrimonio, publicó ese mismo año un artículo titulado "Sobre el elemento 93" en el que señalaba una objeción metodológica precisa: Fermi no había descartado, mediante un análisis químico riguroso, que los productos observados fueran en realidad fragmentos de elementos ya conocidos, mucho más ligeros que el uranio, en lugar de elementos nuevos situados por encima de él en la tabla periódica.
El ángulo menos contado: propuso la respuesta correcta cuatro años antes de que nadie la aceptara
Noddack no se limitó a señalar el fallo metodológico: propuso de forma explícita una alternativa que, leída hoy, describe con una precisión notable lo que después se llamaría fisión nuclear. En sus propias palabras, escribió que "es concebible que el núcleo se rompa en varios fragmentos grandes, que serían por supuesto isótopos de elementos conocidos, pero que no serían vecinos del elemento irradiado". Era, en esencia, la idea de que el núcleo de uranio podía partirse en dos núcleos más ligeros de elementos ya existentes en la tabla periódica, exactamente el mecanismo que Otto Hahn, Fritz Strassmann, Lise Meitner y Otto Frisch confirmarían experimental y teóricamente cuatro años después, a finales de 1938. En su momento, sin embargo, la propuesta de Noddack careció por completo de demostración experimental propia, y la comunidad científica la descartó casi sin discusión: el propio Hahn llegó a calificarla de "prácticamente absurda". A esa falta de pruebas se sumó, según señalan hoy varios historiadores de la ciencia, el peso añadido de que una ley alemana aprobada en 1932 empujaba a las mujeres casadas a abandonar sus puestos profesionales, debilitando la posición y la credibilidad de Noddack dentro de un campo dominado casi por completo por hombres.
Una idea correcta que nadie citó cuando por fin se confirmó
Cuando Hahn y Strassmann aportaron en diciembre de 1938 la prueba química de que el bombardeo de uranio con neutrones producía bario, un elemento mucho más ligero, y Meitner y Frisch ofrecieron semanas después la explicación teórica que bautizaron como fisión nuclear, ninguno de los artículos que difundieron el hallazgo por el mundo reconoció de forma clara que Noddack había planteado, por escrito, esa misma posibilidad cuatro años antes. Noddack murió en 1978, sin Nobel pese a sus tres nominaciones, con el renio como su legado más citado y su intuición sobre la fisión relegada, durante décadas, a una nota a pie de página en la historia de la física nuclear.
Por qué importa hoy
El elemento que Noddack ayudó a descubrir en 1925 vive en 2026 un renacimiento inesperado en la medicina contra el cáncer. En agosto de ese año, el Laboratorio Nacional de Oak Ridge, en Estados Unidos, anunció la reactivación de sus generadores de tungsteno-188/renio-188, un sistema que la instalación había dejado de producir en 2011 y que la radioquímica Becca Hoerres ha rediseñado y simplificado desde 2024 ante la creciente demanda mundial del isótopo. El renio-188, un emisor beta de semivida corta que se obtiene por desintegración del tungsteno-188, se está investigando en la Universidad de Vanderbilt como tratamiento contra el cáncer de próstata, y ya se emplea fuera de Estados Unidos como terapia aprobada contra ciertos cánceres de piel no melanoma, transportado hasta las propias células tumorales a través de una vía de proteínas modificada. Un siglo después de que Ida Noddack ayudara a poner nombre a ese elemento, y noventa y dos años después de que su intuición sobre cómo se partía el átomo de uranio fuera descartada como absurda, el renio que ella descubrió sigue demostrando, célula a célula, que tenía razón en más de una cosa de la que nadie la creyó capaz.