Sospechaba que su casera le servía sobras recicladas de otros huéspedes en forma de guiso. Para demostrarlo sin decir una palabra, contaminó su propio plato con material radiactivo, y sin saberlo inventó una herramienta que hoy usa toda la medicina nuclea
Hacia 1911, el químico húngaro George de Hevesy, alojado en una pensión de Manchester, sospechaba que su casera reciclaba la carne que él dejaba en el plato. Añadió en secreto un trazador radiactivo a sus propias sobras y, días después, detectó esa misma
Un encargo de Rutherford pensado para fracasar
En 1911, el joven químico húngaro George de Hevesy trabajaba en Manchester bajo la dirección de Ernest Rutherford, que le encomendó una tarea que resultaría, sin que nadie lo supiera todavía, imposible de cumplir tal y como estaba planteada: separar químicamente el llamado radio D del plomo con el que aparecía mezclado. Hevesy dedicó meses al problema sin ningún resultado, hasta comprender la razón de fondo: el radio D no era un elemento distinto del plomo, sino un isótopo radiactivo del propio plomo, químicamente indistinguible de él por cualquier método conocido, por lo que ninguna separación química podría funcionar jamás.
Convertir un fracaso en un principio completamente nuevo
En lugar de abandonar el problema como un simple callejón sin salida, Hevesy le dio la vuelta al razonamiento: si el radio D se comportaba químicamente de forma idéntica al plomo normal, entonces, mezclado con él, podía usarse precisamente para eso, para seguirle la pista al plomo allí donde fuera, delatando su presencia mediante su propia radiactividad, detectable con un electroscopio incluso en cantidades minúsculas. Había concebido, sin buscarlo, la idea del trazador radiactivo: una cantidad ínfima de un isótopo radiactivo, indistinguible químicamente del elemento normal, capaz de marcar y seguir su recorrido allí donde ningún ojo humano ni ningún reactivo químico podría detectarlo.
El ángulo menos contado: la primera prueba de su propia idea no fue en un laboratorio
Antes de convertir esa idea en ningún artículo científico, Hevesy la puso a prueba en un contexto mucho más doméstico. Alojado en una pensión de Manchester cuya comida no lograba convencerle, sospechaba desde hacía tiempo que la casera reciclaba la carne que los huéspedes dejaban sin terminar, reincorporándola días después a un guiso o picadillo servido como plato nuevo. Sin decir una palabra, Hevesy añadió una cantidad diminuta de material radiactivo a la carne que dejó sin comer en su propio plato. Días más tarde, al revisar con un electroscopio los restos del guiso que le sirvieron, detectó la misma señal radiactiva que él mismo había introducido, confirmando su sospecha sin necesidad de ninguna confrontación directa. Según el propio relato posterior de Hevesy, al mostrarle la prueba a la casera, esta se limitó a responder que aquello era "magia". El episodio, anecdótico y doméstico, se reconoce hoy como el primer uso documentado de un trazador radiactivo en la historia.
De una pensión de Manchester a la biología y la medicina
Hevesy formalizó el método científicamente en 1913 junto al químico Fritz Paneth, y en las décadas siguientes lo extendió mucho más allá de la física de laboratorio: en 1923 lo aplicó para estudiar cómo absorbían el plomo las raíces de las plantas de haba, fundando el uso de trazadores isotópicos en biología, y más tarde, en 1933, usando agua pesada suministrada por Harold Urey, midió junto a su colaborador Erik Hofer con qué rapidez se renueva el agua del cuerpo humano, descubriendo que la mitad del agua corporal se sustituye cada nueve días, la primera aplicación clínica de un trazador isotópico en un ser humano. En 1943 recibió el Premio Nobel de Química "por su trabajo sobre el uso de isótopos como trazadores en el estudio de procesos químicos".
Por qué importa hoy
El principio que Hevesy concibió para desenmascarar a su casera sostiene hoy buena parte de la medicina nuclear diagnóstica y terapéutica, desde los escáneres PET hasta las terapias dirigidas contra el cáncer. El 22 de junio de 2025, la Sociedad de Medicina Nuclear y Diagnóstico por Imagen Molecular (SNMMI) concedió su Premio George de Hevesy al Pionero Nuclear, que lleva su nombre desde hace décadas, a Wynn Volkert, profesor emérito distinguido de la Universidad de Misuri, reconociendo cuatro décadas de trabajo y 185 artículos científicos en química radiofarmacéutica, entre ellos su participación como coinventor de dos radiofármacos aprobados por la agencia estadounidense del medicamento: Ceretec, un agente de tecnecio-99m para obtener imágenes del cerebro, y Quadramet, un tratamiento terapéutico basado en samario-153. Más de un siglo después de que Hevesy marcara en secreto la carne de su propio plato, la ciencia que inauguró sigue premiando, año tras año y con su propio nombre, a quienes seleccionan hoy el isótopo exacto capaz de marcar, diagnosticar o tratar el cuerpo humano desde dentro.