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Le pidieron opinión sobre cómo demostrar en el laboratorio una idea que sonaba a herejía física. Ella diseñó y ejecutó personalmente el experimento más difícil de su carrera, a una temperatura cercana al cero absoluto.

En 1956, los físicos teóricos Tsung-Dao Lee y Chen-Ning Yang sospechaban que una ley considerada sagrada en física, la conservación de la paridad, no se cumplía en las interacciones nucleares débiles. Necesitaban una prueba experimental.

✍️ Montse 📅 02 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 12 visitas
Le pidieron opinión sobre cómo demostrar en el laboratorio una idea que sonaba a herejía física. Ella diseñó y ejecutó personalmente el experimento más difícil de su carrera, a una temperatura cercana al cero absoluto.

Una física a la que ni siquiera se le permitía estudiar donde después daría clase

Chien-Shiung Wu nació en 1912 en la provincia china de Jiangsu, se licenció en física en la Universidad Nacional Central de Nankín y se trasladó después a Estados Unidos, donde se doctoró en la Universidad de California en Berkeley en 1940. En 1943 aceptó un puesto docente en Princeton, una universidad en la que las mujeres ni siquiera podían matricularse como alumnas en ese momento. Durante la Segunda Guerra Mundial se incorporó al Proyecto Manhattan en la Universidad de Columbia, ayudando a resolver un problema técnico en el proceso de enriquecimiento de uranio por difusión gaseosa. Terminada la guerra, continuó en Columbia especializándose en la desintegración beta, hasta ganarse el apodo de "la Madame Curie china" por la precisión de su trabajo experimental.

Una pregunta incómoda sobre si la naturaleza distingue entre izquierda y derecha

Desde los años 20, la física daba por supuesto que las leyes de la naturaleza eran indistinguibles en un espejo: que no existía ninguna preferencia natural entre izquierda y derecha, un principio conocido como conservación de la paridad. En 1956, los físicos teóricos Tsung-Dao Lee y Chen-Ning Yang, analizando datos desconcertantes sobre partículas que parecían idénticas salvo por su paridad, empezaron a sospechar que esa ley, sagrada para la física fuerte y electromagnética, podía no cumplirse en la fuerza nuclear débil, responsable de la desintegración radiactiva. Era una idea que sonaba casi herética.

El ángulo menos contado: la teórica se convirtió ella misma en la experimentadora

En la primavera de 1956, Lee consultó a Wu cómo podría ponerse a prueba esa idea en el laboratorio. Fue ella quien propuso el método concreto: alinear los núcleos de cobalto-60 mediante un campo magnético intenso y observar si las partículas beta que emitían salían con preferencia hacia una dirección respecto a ese eje de espín, lo que demostraría que la naturaleza sí distingue entre izquierda y derecha. En lugar de delegar el experimento, Wu decidió ejecutarlo ella misma, aplazando sus propios planes para dedicarse por completo a un montaje técnicamente extremo: mantener los núcleos alineados exigía enfriar la muestra hasta unos 0,01 grados por encima del cero absoluto, algo que solo el laboratorio de bajas temperaturas de la Oficina Nacional de Estándares, dirigido por Ernest Ambler, podía ofrecer. Wu pasó los últimos meses de 1956 dividida entre Columbia y ese laboratorio en Washington, en un trabajo criogénico agotador y de una precisión extrema.

Un resultado que rompía treinta años de física dada por segura

Las partículas beta se emitían, en efecto, con preferencia hacia una dirección respecto al espín nuclear: la prueba experimental inequívoca de que la paridad no se conserva en las interacciones débiles. Wu presentó los primeros resultados a sus colegas el 4 de enero de 1957, y la publicación formal apareció en la revista Physical Review en febrero de ese mismo año.

Un Nobel concedido casi al instante, y sin su nombre

El Comité Nobel actuó con una rapidez inusual: concedió el Premio de Física de 1957, el mismo año del hallazgo, uno de los plazos más cortos en la historia del galardón, únicamente a Lee y Yang, "por su penetrante investigación sobre las leyes de paridad", sin mencionar a Wu, cuyo trabajo experimental había convertido su hipótesis en un hecho comprobado de la naturaleza. Pese a recibir 23 nominaciones entre 1958 y 1974 de dieciocho físicos distintos, entre ellos el propio Lee, Wu nunca recibió un Premio Nobel. Sí obtuvo otros reconocimientos mayores antes de morir en 1997: fue la primera receptora del Premio Wolf de Física en 1978 y la primera mujer en presidir la Sociedad Americana de Física, en 1975.

Por qué importa hoy

En el verano de 2025, el experimento LHCb del CERN publicó en la revista Nature la primera observación jamás realizada de violación de la simetría CP, carga y paridad combinadas, en la desintegración de un barión, la familia de partículas que incluye a protones y neutrones y que compone casi toda la materia visible del universo: el barión de belleza Lambda_b^0, al desintegrarse en un protón, un kaón y dos piones, mostró una asimetría entre materia y antimateria del 2,45%, que se eleva al 5,4% en cierta región del espacio de fases, con una significancia estadística de hasta seis desviaciones estándar, el umbral que la física de partículas exige para hablar de un descubrimiento confirmado. La violación de la simetría CP, detectada por primera vez en 1964 en los kaones y después en partículas con quarks bottom, nunca se había observado antes en bariones, y es clave para entender por qué el universo, que debería haber creado materia y antimateria a partes iguales tras el Big Bang, terminó compuesto casi por completo de materia. Casi setenta años después de que Wu demostrara en un laboratorio helado que la naturaleza sí distingue entre izquierda y derecha, la física sigue rastreando, simetría rota tras simetría rota, la razón última por la que el universo existe tal y como lo vemos.

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