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Sujetaba con la punta de un destornillador la única barrera entre un núcleo de plutonio y una reacción en cadena. La mano se le resbaló un instante, un destello azul iluminó la sala, y fue él mismo quien calculó en voz alta cuántos días de vida les quedab

El 21 de mayo de 1946, el físico canadiense Louis Slotin realizaba en Los Álamos un experimento manual para medir la proximidad a la criticidad de un núcleo de plutonio, separando dos semiesferas de berilio con la hoja de un destornillador en lugar de los

✍️ Montse 📅 01 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 0 visitas
Sujetaba con la punta de un destornillador la única barrera entre un núcleo de plutonio y una reacción en cadena. La mano se le resbaló un instante, un destello azul iluminó la sala, y fue él mismo quien calculó en voz alta cuántos días de vida les quedab

Un núcleo con fama siniestra antes de que nadie lo llamara "núcleo demoníaco"

El 21 de agosto de 1945, el físico Harry Daghlian dejó caer accidentalmente un ladrillo de carburo de tungsteno sobre la misma esfera de plutonio que protagonizaría el accidente de Slotin, mientras realizaba un experimento de reflexión de neutrones en Los Álamos. Daghlian recibió una dosis de 110 rad y murió 25 días después por envenenamiento agudo por radiación, convirtiéndose en la primera víctima del núcleo que el laboratorio acabaría bautizando, después de un segundo accidente mortal, como el "núcleo demoníaco".

"Hacerle cosquillas a la cola del dragón"

La técnica que Slotin practicaba aquel día se conocía informalmente, según una expresión atribuida al físico Richard Feynman, como "hacerle cosquillas a la cola del dragón": consistía en aproximar manualmente dos semiesferas de berilio, que actuaban como reflectores de neutrones, alrededor de un núcleo de plutonio, para medir con precisión cuánto se acercaba la masa a la criticidad sin llegar a alcanzarla del todo. El protocolo establecido exigía usar pequeños separadores o calzos entre ambas semiesferas para evitar que se cerraran por completo de forma accidental.

El ángulo menos contado: usaba su propio método, no el protocolo aprobado

Slotin, considerado el mayor experto del laboratorio en esta técnica, prescindía de los calzos reglamentarios y sostenía la separación de las dos semiesferas con la propia hoja de un destornillador de punta plana, dejando que la semiesfera superior descansara directamente sobre la inferior en un punto mientras el destornillador mantenía el hueco en el lado opuesto. Varios colegas habían expresado antes su inquietud por lo arriesgado del método, que dependía por completo del pulso de una sola mano sosteniendo una herramienta que no estaba diseñada para esa función.

Medio segundo, un destello azul, y una frase que se hizo tristemente célebre

Aquel 21 de mayo de 1946, el destornillador se deslizó una fracción de centímetro hacia afuera, la semiesfera superior cayó de golpe sobre la inferior y el núcleo se volvió instantáneamente supercrítico. Un destello de luz azulada inundó la sala mientras la reacción, que duró aproximadamente medio segundo, se detuvo cuando el propio Slotin, con un movimiento reflejo, lanzó la semiesfera superior al suelo con la mano desnuda. Ocho personas se encontraban presentes en la habitación. Consciente de inmediato de lo que acababa de ocurrirle, Slotin pronunció una frase que se haría tristemente célebre en la historia de la física nuclear: "Bueno, ya está".

Calculó su propia sentencia de muerte mientras aún podía sostener un lápiz

Pese a saber que estaba condenado, Slotin dedicó sus primeros minutos conscientes a dibujar un esquema de la disposición exacta de la sala y de cada una de las personas presentes, para ayudar a los médicos a calcular la dosis de radiación recibida por cada uno de sus compañeros. Él mismo había absorbido unos 1.000 rad de radiación neutrónica y 114 rad de radiación gamma en menos de un segundo, una dosis prácticamente letal de forma instantánea. Murió nueve días después, el 30 de mayo de 1946, por envenenamiento agudo por radiación. Alvin Graves, la persona que se encontraba más cerca del núcleo después del propio Slotin, sobrevivió a una dosis alta pero no letal, aunque falleció diecinueve años después, a los 55 años, posiblemente por una insuficiencia cardíaca relacionada con aquella exposición.

Dos muertes con el mismo núcleo bastaron para acabar con los experimentos manuales

Tras la muerte de Slotin, Los Álamos prohibió cualquier experimento de aproximación a la criticidad que dependiera del control manual y directo de un operador sobre los reflectores o el propio material fisionable, sustituyendo esas pruebas por mecanismos de control remoto operados a distancia, un cambio de doctrina que marcaría en adelante toda la cultura de seguridad de la física nuclear experimental.

Por qué importa hoy

El 4 de marzo de 2026, la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos autorizó la construcción de la unidad 1 de la central Kemmerer Power Station, en Wyoming, un reactor rápido refrigerado por sodio desarrollado por la empresa TerraPower: la primera aprobación de construcción de un reactor comercial en casi una década en el país, y el primer diseño de reactor que no usa agua ligera como refrigerante en más de cuarenta años. La revisión técnica, que evaluó una instalación de 345 megavatios eléctricos, ampliables a 500 con un sistema de almacenamiento de energía integrado, se completó en menos de dieciocho meses. Ese mismo año, en julio de 2026, la propia Comisión presentó además una revisión completa de su marco regulatorio para reactores avanzados, orientada a criterios de seguridad basados en el riesgo y no solo en reglas prescriptivas fijas. Ochenta años después de que la hoja de un destornillador fuera la única barrera entre un físico y una reacción en cadena, la ingeniería nuclear ha desplazado el margen de seguridad de la destreza de una mano humana hacia el diseño físico de los reactores y hacia marcos regulatorios pensados, precisamente, para que ningún operador vuelva a sostener sobre un solo dedo la diferencia entre un experimento y una tragedia.

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