En vivo
Todas
Agricultura
Medicina
Alimentación
Industria
Nuclear

Sacó pan del aire que respiramos y salvó a la humanidad del hambre. Meses después dirigía el primer ataque con gas tóxico de la historia

En 1909, el químico alemán Fritz Haber logró en un tubo de ensayo lo que ningún proceso industrial había conseguido antes: capturar nitrógeno del aire y convertirlo en fertilizante. Su invento, escalado por el ingeniero Carl Bosch, alimenta hoy a buena pa

✍️ Montse 📅 26 de August de 2026 ⏱ 4 min de lectura 👁 2 visitas
Sacó pan del aire que respiramos y salvó a la humanidad del hambre. Meses después dirigía el primer ataque con gas tóxico de la historia

Un planeta que se estaba quedando sin manera de alimentarse

A finales del siglo XIX, la agricultura europea dependía de dos fuentes de nitrógeno para fertilizar sus campos: el estiércol animal y el guano y nitrato de sodio importados de las costas de Perú y Chile, extraídos a un ritmo que ya entonces se consideraba insostenible. En 1898, el químico británico William Crookes advirtió ante la comunidad científica que, de continuar así, las reservas mundiales de nitrato se agotarían en pocas décadas, y con ellas la capacidad de producir suficiente grano para alimentar a una población creciente. El nitrógeno era, paradójicamente, el elemento más abundante de la atmósfera terrestre —casi el 80% del aire que respiramos— y al mismo tiempo el más inaccesible: el enlace que une sus dos átomos es tan fuerte que ningún proceso químico conocido era capaz de romperlo a una escala útil.

Un tubo de ensayo en Karlsruhe que rompió esa barrera

En julio de 1909, el químico alemán Fritz Haber, profesor en la Escuela Técnica Superior de Karlsruhe, hizo una demostración ante representantes de la empresa química BASF: en un pequeño reactor de laboratorio, sometiendo nitrógeno e hidrógeno a una presión de unas 200 atmósferas y una temperatura cercana a los 500 grados, sobre un catalizador de osmio, logró que goteara amoníaco líquido de forma continua. Era una cantidad ridícula para cualquier aplicación industrial —apenas unos gramos por hora— pero demostraba que la reacción, considerada poco práctica hasta entonces, era posible fuera de la teoría.

El ángulo menos contado: el ingeniero que nadie recuerda tanto como a Haber

Convertir aquel goteo de laboratorio en una planta capaz de producir toneladas diarias de amoníaco fue un problema completamente distinto, y quien lo resolvió rara vez comparte titular con Haber. El ingeniero químico de BASF Carl Bosch pasó varios años rediseñando cada pieza del proceso: desarrolló aceros capaces de resistir el hidrógeno a alta presión sin fragilizarse, sustituyó el costoso osmio por catalizadores de hierro mucho más baratos, y tuvo que inventar válvulas y reactores que nadie había necesitado fabricar hasta entonces. La primera planta industrial, en Oppau, Alemania, empezó a producir amoníaco sintético en 1913. Por ese trabajo de escalado industrial, Bosch recibiría su propio Premio Nobel de Química en 1931, trece años después que Haber.

El mismo año, el mismo hombre, un uso completamente distinto de la química

La ironía que atraviesa la biografía de Haber es difícil de exagerar. En abril de 1915, en la localidad belga de Ypres, dirigió personalmente la primera liberación masiva de gas cloro de la historia militar, convenciendo al ejército alemán del potencial del arma química y supervisando en persona la apertura de miles de cilindros contra las trincheras aliadas. Su esposa, la también química Clara Immerwahr, se había opuesto abiertamente a ese trabajo; la noche posterior a la celebración por el éxito del ataque, se quitó la vida con el arma de su marido. Haber, lejos de detenerse, continuó al frente del programa químico militar alemán durante el resto de la guerra.

Por qué importa hoy

El proceso Haber-Bosch se considera responsable, según distintas estimaciones científicas, de sostener la alimentación de entre un tercio y la mitad de la población mundial actual: sin fertilizantes nitrogenados sintéticos, gran parte de las cosechas de trigo, maíz y arroz que hoy alimentan al planeta no existirían con los rendimientos actuales. Ese logro tiene, sin embargo, un coste energético enorme —la síntesis de amoníaco consume, según cálculos habituales, entre el 1% y el 2% de toda la energía que se produce en el mundo— y una huella de carbono considerable, porque buena parte del hidrógeno necesario todavía procede del gas natural. En julio de 2026, investigadores de la Universidad Loyola, en España, presentaron un nuevo catalizador diseñado para producir amoníaco con menor consumo energético, parte de una carrera internacional por lograr un "amoníaco verde" que sostenga la promesa original de Haber sin repetir su otro legado.

Compartir:
Artículos relacionados
🚜 Agricultura
Dos químicos alemanes patentaron un veneno para extraer oro de la roca, y escondieron sin saberlo, en un párrafo casi de relleno de esa misma patente, el primer fertilizante sintético de la historia. Tardaron tres años en descubrir qué acababan de fabrica
Adolf Frank y Nikodem Caro patentaron en 1895 un proceso para extraer oro. Un párrafo casi accidental de esa patente escondía la cianamida cálcica, el primer fertilizante sintético de la historia.
🚜 Agricultura
Una molécula llevaba 65 años dormida en los archivos de la química cuando alguien la probó sobre insectos. Salvó a la humanidad de plagas y epidemias, y casi extinguió al ave símbolo de Estados Unidos
Paul Müller probó en 1939 un compuesto sintetizado 65 años antes y olvidado. El DDT salvó millones de vidas de la malaria, pero casi extingue al águila calva.
🚜 Agricultura
En el mismo laboratorio de Berkeley que había ayudado a aislar los primeros gramos de plutonio para la bomba atómica, un químico fabricó después un átomo de carbono radiactivo y lo persiguió, segundo a segundo, dentro de una alga verde. Tardó casi una déc
Melvin Calvin usó carbono-14 del ciclotrón de Berkeley para trazar, entre 1946 y 1954, el camino del carbono en la fotosíntesis. Nació el ciclo de Calvin, la base química de toda cosecha del planeta.