Casi todos sus profesores decían que era imposible alimentar a una persona solo por la vena. Un joven cirujano lo intentó con seis cachorros de beagle, que crecieron sin probar bocado tanto como sus hermanos.
A mediados de los años sesenta, el cirujano estadounidense Stanley Dudrick (1935-2020), de la Universidad de Pensilvania, demostró con cachorros de beagle y después con una recién nacida.
Un residente que no aceptaba perder pacientes de hambre
Stanley John Dudrick nació en 1935 en Nanticoke, un pueblo minero de Pensilvania. Estudió medicina en la Universidad de Pensilvania y, durante su residencia de cirugía con Jonathan Rhoads, vivió una experiencia que no olvidaría: pacientes operados con éxito que acababan muriendo porque no podían comer ni absorber alimentos. Los médicos de la época sabían administrar suero con glucosa y sales, pero se aceptaba que era imposible aportar por la vena todas las calorías y proteínas que necesita un ser humano. Con las soluciones diluidas que toleraban las venas del brazo, harían falta tantos litros de líquido que el paciente se ahogaría antes de nutrirse.
Seis cachorros que crecieron sin comer
Dudrick buscó la manera de concentrar los nutrientes. Preparó mezclas de glucosa, proteínas hidrolizadas, vitaminas y minerales, y montó bombas y catéteres que funcionaban día y noche. Para demostrar que funcionaba de verdad eligió el reto más difícil: un organismo en pleno crecimiento. Alimentó a seis cachorros de beagle exclusivamente por vía intravenosa durante semanas mientras sus compañeros de camada comían con normalidad. Los cachorros crecieron, ganaron peso y se desarrollaron igual que sus hermanos. Poco después, en el Hospital Infantil de Filadelfia, él y su colega Douglas Wilmore aplicaron el método a una niña que había nacido con la mayor parte del intestino inutilizada. Alimentada solo por la vena, creció y ganó peso durante casi dos años. En 1968 publicaron los resultados, y la nutrición parenteral total pasó de ser una idea imposible a una técnica presente en hospitales de todo el mundo.
El ángulo que rara vez se cuenta: los perros en los que nadie creía
Cuando Dudrick presentó sus resultados, muchos cirujanos se mostraron escépticos y sospecharon que aquellos cachorros habían comido de alguna forma. Él respondió con fotografías, registros de peso y más datos. La prueba definitiva fue la pequeña paciente de Filadelfia: su supervivencia convenció a quienes los beagles no habían convencido. Décadas después, Dudrick recordaría que la clave no había sido una sola idea brillante, sino la terquedad de resolver, uno por uno, decenas de problemas prácticos de catéteres, infecciones y dosis.
La física de la ósmosis en una vena
El gran obstáculo era físico. Una solución capaz de nutrir a una persona en un volumen razonable tiene que estar muy concentrada, y una solución muy concentrada es hipertónica: tiene muchas más partículas disueltas que la sangre. Si se inyecta en una vena pequeña del brazo, la ósmosis arrastra agua fuera de las células de la pared del vaso, la irrita, la inflama y acaba por trombosarla. Dudrick sorteó el problema llevando el catéter hasta la vena cava superior, cerca del corazón, donde circulan varios litros de sangre por minuto que diluyen la mezcla casi al instante. En los recién nacidos prematuros el desafío es aún mayor: su intestino inmaduro no tolera alimentos al principio, sus reservas de energía se agotan en pocos días y cada hora sin aminoácidos ni glucosa suficientes pone en riesgo su crecimiento. Por eso los hospitales usan la llamada nutrición parenteral de inicio, mezclas estandarizadas listas para administrarse en las primeras horas de vida, mientras se prepara una fórmula individualizada.
Por qué importa hoy
El 4 de septiembre de 2026, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) anunció medidas para evitar un posible desabastecimiento de nutrición parenteral de inicio para neonatos, los productos que aportan nutrientes por vía intravenosa a bebés prematuros y gravemente enfermos que no pueden alimentarse por boca ni por sonda. La alerta la dieron los hospitales infantiles, preocupados porque dos centros externos que elaboraban estas mezclas estandarizadas iban a cerrar de forma definitiva. La agencia publicó una guía de aplicación inmediata con políticas temporales para que determinadas farmacias autorizadas, instalaciones federales y centros de elaboración puedan preparar estas mezclas mientras se buscan soluciones a largo plazo. Michael Davis, director en funciones del Centro de Evaluación e Investigación de Medicamentos de la FDA, subrayó su importancia para los prematuros y los recién nacidos gravemente enfermos que necesitan nutrirse poco después de nacer, y la agencia se comprometió a vigilar el suministro. Casi sesenta años después de que seis cachorros de beagle crecieran sin probar bocado, la idea que parecía imposible es hoy tan imprescindible que su falta obliga a intervenir con urgencia a un regulador.