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Era un prisionero de guerra austriaco al que los soviéticos pusieron a construir centrifugadoras a orillas del mar Negro. Al dejarlo marchar le confiscaron todas sus notas, pero reconstruyó la máquina de memoria en una universidad estadounidense.

Gernot Zippe (1917-2008), ingeniero austriaco capturado por el Ejército Rojo en 1945, dirigió en el instituto de Sujumi, en el grupo del físico alemán Max Steenbeck, el desarrollo experimental de la centrifugadora de gas que hoy lleva su nombre.

✍️ Montse 📅 29 de September de 2026 ⏱ 6 min de lectura 👁 20 visitas
Era un prisionero de guerra austriaco al que los soviéticos pusieron a construir centrifugadoras a orillas del mar Negro. Al dejarlo marchar le confiscaron todas sus notas, pero reconstruyó la máquina de memoria en una universidad estadounidense.

Un ingeniero en el lado equivocado de la guerra

Gernot Zippe nació en noviembre de 1917 en Warnsdorf, en la Bohemia que entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro y que hoy es Varnsdorf, en la República Checa. Estudió en la Universidad de Viena y durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en proyectos técnicos para la aviación alemana. En 1945 fue capturado por el Ejército Rojo. Al año siguiente, los servicios de seguridad soviéticos descubrieron su formación técnica y lo trasladaron a la Unión Soviética, que estaba reuniendo a científicos e ingenieros alemanes y austriacos para acelerar su programa atómico. Lo destinaron al Instituto de Física y Tecnología de Sujumi, en la costa del mar Negro, al grupo del físico alemán Max Steenbeck, que tenía un encargo muy concreto: separar los isótopos del uranio con centrifugadoras.

El problema de separar dos gemelos casi idénticos

El uranio natural contiene solo un 0,72% de uranio-235, el isótopo que se fisiona con neutrones lentos; el resto es casi todo uranio-238. Químicamente son idénticos, así que no pueden separarse con reacciones: solo se distinguen por la masa, que difiere en tres unidades sobre unas 238. Durante la guerra, Estados Unidos había probado las centrifugadoras, pero las abandonó por sus problemas mecánicos. El grupo de Steenbeck, con Zippe al frente de la parte experimental, los resolvió con varias ideas de ingeniería: un rotor ligero y estrecho que giraba en vertical dentro de una carcasa al vacío, apoyado en su extremo inferior sobre una aguja que hacía de cojinete, y sujeto en la parte superior por un campo magnético que lo mantenía centrado sin rozamiento. Una circulación interna del gas a lo largo del rotor multiplicaba además la separación. La máquina podía girar durante años sin detenerse.

El ángulo que rara vez se cuenta: la memoria que no pudieron confiscar

En 1952, cuando su trabajo dejó de ser imprescindible, Steenbeck y Zippe fueron apartados y puestos en cuarentena para que sus conocimientos perdieran actualidad, y no se les permitió salir de la Unión Soviética hasta 1956. Al abandonar el país, a Zippe le requisaron todas sus notas. En 1957 asistió en Ámsterdam a un congreso sobre separación de isótopos y se dio cuenta de algo asombroso: Occidente iba muy por detrás de lo que su grupo había logrado siendo prisionero. Fue invitado a la Universidad de Virginia, al laboratorio de Jesse Beams, el gran experto estadounidense en centrifugadoras, y entre 1958 y 1960 reconstruyó de memoria la máquina y publicó informes técnicos sobre ella. En 1960, Estados Unidos clasificó la investigación como secreta y le dio a elegir: hacerse ciudadano estadounidense, volver a Europa o abandonar el trabajo. Zippe no quiso cambiar de nacionalidad y regresó a Europa, donde en la década de 1960 él y sus colegas sustituyeron el rotor de aluminio por uno de acero maraging, más resistente, que podía girar más deprisa. Su diseño fue la base del enriquecimiento civil europeo, que en 1970 dio lugar al consorcio Urenco, y también, por desgracia, de la proliferación: en los años setenta, el metalúrgico pakistaní Abdul Qadeer Khan se llevó planos de las centrifugadoras de Urenco desde los Países Bajos. Cuando le preguntaron si se arrepentía, Zippe respondió con una comparación: un cuchillo de cocina sirve igual para pelar una patata que para matar al vecino, y son los gobiernos quienes deciden cómo se usa. Murió en mayo de 2008, a los 90 años.

La física de un remolino más rápido que el sonido

En una centrifugadora de gas, el uranio entra en forma de hexafluoruro, UF6, un compuesto que se convierte en gas a temperaturas moderadas. El rotor gira con velocidades periféricas de varios cientos de metros por segundo, por encima de la velocidad del sonido en el aire, y la fuerza centrífuga, cientos de miles de veces más intensa que la gravedad, empuja las moléculas más pesadas, las que llevan uranio-238, hacia la pared, mientras las más ligeras se concentran ligeramente más cerca del eje. La diferencia en cada máquina es mínima, así que se conectan miles de ellas en cascada: cada etapa enriquece un poco y pasa su producto a la siguiente. Las centrifugadoras consumen del orden de cincuenta veces menos electricidad que la difusión gaseosa que usaron las primeras plantas y, desde que Estados Unidos cerró su última planta de difusión en 2013, casi todo el uranio enriquecido del mundo sale de centrifugadoras. El combustible de los reactores de agua ligera actuales lleva hasta aproximadamente un 5% de uranio-235, un límite que marcan sobre todo las licencias de las fábricas, del transporte y de las centrales, más que la física del reactor. Subir hasta el 10%, el llamado LEU+, permite que el combustible permanezca más tiempo en el núcleo y extraiga más energía de cada carga.

Por qué importa hoy

El 22 de septiembre de 2026, Framatome anunció que ha firmado el primer contrato comercial del mundo para suministrar recargas de combustible con un enriquecimiento en uranio-235 superior al 5% a un reactor ya en funcionamiento en Estados Unidos, cuyo nombre no ha revelado. Las entregas comenzarán a principios de 2028 dentro de su programa Advanced Fuel Management y se basarán en su diseño de combustible GAIA para reactores de agua a presión. Según la empresa, el cliente podrá alargar sus ciclos de operación de 18 a 24 meses, con menos paradas de recarga y más producción eléctrica. El combustible se fabricará en su planta de Richland, en el estado de Washington, que en julio de 2026 obtuvo la autorización de la Comisión Reguladora Nuclear estadounidense para manejar uranio enriquecido hasta el 10%, frente al 6,5% anterior. El precedente más cercano se remonta a octubre de 2023, cuando la unidad 2 de la central de Vogtle, en Georgia, fue autorizada a usar combustible de Westinghouse enriquecido hasta el 6%. Setenta años después de que un prisionero liberado saliera de la Unión Soviética sin una sola página de sus notas, la máquina que llevaba en la cabeza sigue decidiendo cuánta energía cabe en cada pastilla de uranio.

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