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A comienzos de los años sesenta puso en marcha tres centrales nucleares con tres tecnologías distintas y colocó a Italia entre los mayores productores de electricidad atómica del mundo.

El geólogo e ingeniero napolitano Felice Ippolito, secretario general del Comité Nacional para la Energía Nuclear (CNEN), impulsó las centrales de Latina, Garigliano y Trino, que empezaron a producir electricidad entre 1963 y 1964.

✍️ Montse 📅 29 de September de 2026 ⏱ 6 min de lectura 👁 30 visitas
A comienzos de los años sesenta puso en marcha tres centrales nucleares con tres tecnologías distintas y colocó a Italia entre los mayores productores de electricidad atómica del mundo.

Un geólogo con una idea de país

Felice Ippolito nació en Nápoles el 16 de noviembre de 1915, hijo y nieto de ingenieros, y se licenció en Ingeniería en 1938. Geólogo y profesor universitario, en 1952 se convirtió en secretario general del Comité Nacional para las Investigaciones Nucleares, que en 1960 pasó a llamarse Comité Nacional para la Energía Nuclear, CNEN. Italia apenas tenía carbón ni petróleo propios y dependía de la importación de combustibles; Ippolito estaba convencido de que el átomo podía darle independencia energética, y apostó por un programa público ambicioso en un país que todavía se estaba reconstruyendo tras la guerra.

Tres centrales, tres tecnologías

En pocos años, Italia levantó tres centrales nucleares, cada una con un diseño diferente, algo inusual incluso para las grandes potencias: la de Latina, al sur de Roma, con un reactor de diseño británico moderado con grafito y refrigerado por gas, que empezó a producir electricidad en 1963; la del Garigliano, entre Roma y Nápoles, con un reactor estadounidense de agua en ebullición, en 1964; y la de Trino, en el Piamonte, bautizada Enrico Fermi, con un reactor estadounidense de agua a presión, también en 1964. Era una forma de dominar todas las tecnologías a la vez. Con ellas, a mediados de los años sesenta Italia figuraba entre los primeros productores de electricidad nuclear del mundo; muchas fuentes italianas la sitúan en el tercer puesto, solo por detrás de Estados Unidos y el Reino Unido. En 1962 se había creado ENEL, la empresa eléctrica nacional, e Ippolito pasó a formar parte de su consejo.

El ángulo que rara vez se cuenta: el político que lo hundió acabó indultándolo

En agosto de 1963 arrancó una campaña de prensa contra la gestión del CNEN, alentada por Giuseppe Saragat, dirigente socialdemócrata. Ippolito fue suspendido de su cargo, entre otras razones por una supuesta incompatibilidad entre su puesto en el CNEN y el de consejero de ENEL, y se abrió una investigación. Al amanecer del 3 de marzo de 1964, una patrulla de carabineros lo detuvo en su casa de Roma. Se le acusó de irregularidades administrativas y, el 29 de octubre de 1964, fue condenado a once años y cuatro meses de prisión, una pena que muchos observadores consideraron desproporcionada; entre los hechos que se le reprocharon, según han recordado biógrafos y periodistas, figuraban faltas tan menores como el uso privado de un vehículo del organismo. En apelación, la condena se redujo a algo más de cinco años. Tras pasar unos dos años en la cárcel romana de Rebibbia quedó en libertad, y Saragat, elegido presidente de la República en diciembre de 1964, acabó concediéndole el indulto. Nunca se ha demostrado quién estaba detrás, pero la sospecha de una guerra entre el petróleo importado y el átomo nacional ha acompañado al caso durante décadas. El programa nuclear italiano perdió a su principal impulsor y no volvió a recuperar su empuje. En 1968, Ippolito fundó Le Scienze, la edición italiana de Scientific American. Murió en Roma en 1997.

La física de un reactor que se fabrica en serie

Todas las centrales de fisión funcionan con el mismo principio: un neutrón choca con un núcleo de uranio-235, lo parte en dos fragmentos y libera energía y dos o tres neutrones nuevos, que pueden provocar otras fisiones. Para que esa reacción en cadena se mantenga de forma controlada hace falta un moderador que frene los neutrones, porque los lentos provocan fisiones con mucha más facilidad, y un refrigerante que extraiga el calor. Las tres centrales de Ippolito ilustraban las grandes combinaciones de su época: grafito y dióxido de carbono en Latina, que podía funcionar con uranio natural, y agua ligera, que modera y refrigera a la vez, en Garigliano y Trino, que necesitaban uranio ligeramente enriquecido. Los pequeños reactores modulares, SMR, con los que Italia quiere volver, usan casi siempre agua a presión, como Trino, pero con potencias de unos cientos de megavatios, componentes fabricados en serie en taller y sistemas de seguridad pasivos capaces de enfriar el núcleo mediante convección natural y gravedad, sin bombas ni intervención humana durante días.

Por qué importa hoy

Según publicó World Nuclear News el 24 de septiembre de 2026, el Senado italiano aprobó por 81 votos a favor, 51 en contra y siete abstenciones el proyecto de ley de delegación del Gobierno de Giorgia Meloni para reintroducir la energía nuclear, que la Cámara de Diputados ya había aprobado en junio por 155 votos contra 86. La ley encarga al Gobierno regular el regreso de una nuclear sostenible dentro de los objetivos europeos de descarbonización para 2050, con un Programa Nacional, una autoridad independiente de seguridad nuclear, más investigación y formación, y campañas de información. El ministro de Medio Ambiente y Seguridad Energética, Gilberto Pichetto Fratin, defendió que la nuclear integrada con las renovables no supone una vuelta al pasado. Ese mismo día, la francesa EDF, su filial Nuward, Edison y las industriales italianas Ansaldo y Maire expresaron su ambición de desplegar un primer pequeño reactor modular en Italia hacia 2035. Italia cerró sus dos últimas centrales en funcionamiento, Caorso y Trino, en 1990, tras el referéndum celebrado después del accidente de Chernóbil; en 2011, tras Fukushima, el 94% de los votantes rechazó construir nuevos reactores. Sesenta y dos años después de que una patrulla de carabineros sacara de su casa al hombre que había puesto a Italia en la vanguardia atómica, el Parlamento italiano da el primer paso para volver al camino que él dejó trazado.

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