Su padre quería que dirigiera la curtiduría familiar de Budapest y lo mandó a estudiar ingeniería química. Él acabó ganando el Nobel de Física, pero su formación de ingeniero le permitió ver antes que nadie un peligro oculto.
En 1942, el físico húngaro Eugene Wigner (1902-1995) predijo que los neutrones desplazarían los átomos de carbono del grafito de los reactores, que acumularía energía y se deformaría: el llamado efecto Wigner.
Un ingeniero químico en la física cuántica
Jenő Pál Wigner nació en Budapest en 1902, hijo del director de una curtiduría de pieles. Su padre, práctico, le convenció de estudiar ingeniería química en la Escuela Técnica Superior de Berlín para que algún día pudiera trabajar en la fábrica, y el joven Wigner llegó a hacerlo a finales de los años veinte. Pero en Berlín había descubierto la física: asistía a los coloquios donde discutían Albert Einstein, Max Planck o Max von Laue, y acabó aplicando la teoría de grupos a la mecánica cuántica, un trabajo que le valdría el Nobel de Física de 1963. En 1930 se trasladó a Princeton, y en 1939 fue uno de los físicos húngaros que animaron a Einstein a firmar la carta a Roosevelt que ayudó a poner en marcha el programa atómico estadounidense.
El grafito que se hinchaba
Durante el Proyecto Manhattan, Wigner dirigió el diseño teórico de los grandes reactores de Hanford, que debían producir plutonio. Aquellos reactores usaban grafito como moderador, el material que frena los neutrones para que provoquen más fisiones. En 1942, Wigner advirtió de un problema que nadie había previsto: los neutrones rápidos, al chocar con los átomos de carbono, los expulsarían de su posición en la red cristalina. Los átomos desplazados quedarían atrapados en lugares incómodos, el grafito se deformaría y la red acumularía energía como un muelle comprimido. Tenía razón. En Hanford, los bloques de grafito empezaron a dilatarse de forma medible, y el fenómeno recibió el nombre de efecto Wigner; en los laboratorios se hablaba medio en broma de la enfermedad de Wigner.
El ángulo que rara vez se cuenta: el muelle que se soltó en Windscale
La energía almacenada en el grafito, conocida como energía Wigner, puede liberarse de golpe si el material se calienta lo suficiente. Por eso los reactores de grafito que trabajaban a baja temperatura se sometían periódicamente a recocidos controlados para liberarla poco a poco. En octubre de 1957, durante una de esas operaciones en la pila 1 de Windscale, en el noroeste de Inglaterra, algo salió mal: el calentamiento se descontroló y el núcleo se incendió. Fue el peor accidente nuclear del Reino Unido y liberó yodo radiactivo que obligó a retirar la leche de las granjas cercanas. El fenómeno que un ingeniero químico reconvertido en físico había predicho quince años antes se había convertido en una lección de seguridad para todo el mundo.
La física de un reactor de grafito y gas
Francia eligió en los años cincuenta un camino propio: los reactores UNGG, siglas francesas de uranio natural, grafito y gas. Como no disponía de uranio enriquecido, usó uranio natural, que solo sostiene una reacción en cadena si los neutrones se frenan con un moderador que apenas los absorba, como el grafito muy puro. El calor se extraía con dióxido de carbono a presión, que después cedía su energía al agua de un circuito secundario en grandes intercambiadores para producir vapor. Estos reactores trabajaban a temperaturas más altas que las primeras pilas, lo que limitaba la acumulación de energía Wigner, pero después de décadas de funcionamiento sus enormes pilas de grafito se han convertido en uno de los mayores retos del desmantelamiento: son voluminosas, están activadas por los neutrones y contienen isótopos de vida larga como el carbono-14.
Por qué importa hoy
El 21 de septiembre de 2026, Cyclife, filial de EDF, anunció que el proyecto de desmantelamiento de la central de Chinon A, a orillas del Loira, ha alcanzado un hito decisivo: la validación de la estrategia contractual para desmontar los intercambiadores de calor de Chinon A2, tras más de tres años y medio de estudios. Chinon A2 es uno de los seis reactores UNGG de Bugey, Chinon y Saint-Laurent-des-Eaux que EDF está desmantelando, y el que abrirá el camino para todos ellos con una estrategia de desmantelamiento lo más rápido posible. Entraron en servicio entre 1963 y 1972 y, salvo Chinon A1, cerrado en 1973, todos funcionaron más de veinte años. La primera operación consistirá en desmontar en serie los equipos de las cuatro salas de intercambiadores, aprovechando la experiencia de Chinon A3. Si entra en vigor el decreto de desmantelamiento, tras la encuesta pública prevista para 2027, los trabajos empezarán a mediados de 2028 y durarán unos seis años. Desde 2019, EDF y Veolia colaboran en Graphitech, una empresa conjunta que ensaya con maquetas a escala real las herramientas teledirigidas para el desmantelamiento y aspira a trabajar también en Italia, Japón, Lituania, España y el Reino Unido. Ochenta y cuatro años después de que el hijo de un curtidor de Budapest imaginara átomos de carbono empujados fuera de su sitio, Francia se prepara para desmontar, pieza a pieza, el reactor de grafito que abre el cierre de su primera era nuclear.