Midió el uranio en una estación del metro de Moscú para esconderse de los rayos cósmicos y descubrió que sus núcleos se rompían solos.
En 1940, Gueorgui Fliórov (1913-1990) y Konstantin Petrzhak descubrieron la fisión espontánea del uranio con mediciones en la estación Dinamo del metro de Moscú.
Un joven físico en el laboratorio de Kurchátov
Gueorgui Nikoláyevich Fliórov nació en 1913 en Rostov del Don. Antes de estudiar física trabajó como electricista y aprendiz en una fábrica, y a finales de los años treinta se graduó en el Instituto Politécnico de Leningrado. Entró en el Instituto Físico-Técnico de esa ciudad, en el entorno de Ígor Kurchátov, justo cuando llegaba desde Berlín la noticia que conmocionó a la física: en diciembre de 1938, Otto Hahn y Fritz Strassmann habían comprobado que los núcleos de uranio podían partirse al ser golpeados por neutrones. Kurchátov puso a sus jóvenes a estudiar el fenómeno de inmediato.
Núcleos que se rompen sin que nadie los toque
En 1940, Fliórov y Konstantin Petrzhak construyeron una cámara de ionización muy sensible, con una gran superficie cubierta de óxido de uranio, para registrar los pulsos de energía que produce una fisión. Pronto detectaron algo inesperado: incluso sin ninguna fuente de neutrones, aparecían unos pocos pulsos por hora. Los núcleos de uranio se partían solos. Para descartar que los provocaran los rayos cósmicos, trasladaron el equipo a la estación Dinamo del metro de Moscú, bajo decenas de metros de tierra. Los pulsos seguían allí. Habían descubierto la fisión espontánea. Enviaron una nota breve a la revista estadounidense Physical Review, que la publicó en 1940. Esperaban una reacción entusiasta de los físicos occidentales, pero apenas hubo respuesta.
El ángulo que rara vez se cuenta: el silencio que delató la bomba
Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en 1941, Fliórov se alistó y fue destinado como técnico a la aviación. En 1942, en Vorónezh, visitó la biblioteca de la universidad y hojeó las revistas científicas occidentales. Notó que los artículos sobre la fisión del uranio, tan abundantes en 1939, habían desaparecido casi por completo, y que los nombres de los principales físicos que trabajaban en ella tampoco aparecían. Concluyó que ese silencio solo podía significar que el tema se había vuelto secreto militar. Escribió a Kurchátov y, en la primavera de 1942, a Stalin, urgiéndole a no perder tiempo en construir una bomba de uranio. Aquellas advertencias contribuyeron a poner en marcha el programa nuclear soviético. Décadas después, el elemento 114 de la tabla periódica recibió el nombre de flerovio, por el laboratorio que llevaba su nombre en Dubná.
La física de un reactor que empieza a latir
La fisión espontánea que descubrió Fliórov es rarísima en el uranio, pero ilustra una idea central: siempre hay algunos neutrones sueltos en el combustible. Para que un reactor funcione de forma estable, cada fisión debe producir, de media, exactamente un neutrón que provoque otra fisión. Ese equilibrio se expresa con el factor de multiplicación, k. Si es menor que uno, la reacción se apaga; si es mayor, crece. La criticidad, el momento en que k llega a uno, se alcanza retirando poco a poco las barras de control y reduciendo el ácido bórico disuelto en el agua, que absorbe neutrones. En un arranque, los técnicos llevan el reactor a un nivel mínimo de potencia controlable, muy por debajo de su potencia nominal, para medir con precisión su comportamiento antes de subir por escalones. El VVER-1200 es un reactor de agua a presión de generación III+ de diseño ruso, con elementos combustibles de sección hexagonal, sistemas de seguridad pasivos y un receptáculo bajo la vasija para retener el núcleo fundido en caso de accidente grave.
Por qué importa hoy
El 29 de septiembre de 2026, World Nuclear News informó de que la unidad 7 de la central nuclear de Tianwan, en la provincia china de Jiangsu, ha alcanzado una reacción en cadena autosostenida y controlada y se encuentra en su nivel mínimo de potencia controlable. El combustible se había cargado en agosto, y ahora seguirán pruebas y subidas de potencia escalonadas hasta la plena carga. Rusia y China firmaron en junio de 2018 los acuerdos para construir las unidades 7 y 8, ambas VVER-1200. La construcción de la 7 empezó en mayo de 2021 y la de la 8 en febrero de 2022, con la entrada en operación comercial prevista para 2026 y 2027. El director general de Rosatom, Alexéi Lijachov, describió Tianwan como un proyecto modelo de la cooperación entre ambos países y afirmó que el corazón del reactor había empezado a latir. La central pertenece a Jiangsu Nuclear Power Company, participada por CNNC, China Power Investment y Jiangsu Guoxin. Cuando funcionen todas sus unidades, superará los 9 gigavatios y producirá más de 70 teravatios hora al año. Ochenta y seis años después de que dos jóvenes físicos bajaran al metro de Moscú para escuchar cómo se rompía el uranio en silencio, un reactor heredero de aquella escuela ha empezado a latir a miles de kilómetros de distancia.