Erwin Schrödinger la propuso varias veces al Nobel de Física por inventar la técnica que permitió fotografiar, por primera vez en la historia, el instante exacto en que un núcleo atómico se hace pedazos.
La física austríaca Marietta Blau perfeccionó desde los años 20 en el Instituto del Radio de Viena la técnica de la emulsión fotográfica nuclear, capaz de registrar visualmente las trayectorias de partículas subatómicas invisibles.
Una técnica para fotografiar lo que ningún ojo humano podía ver
Marietta Blau nació en 1894 en Viena, en el seno de una familia judía acomodada, y se doctoró en física por la Universidad de Viena en 1919, a los 24 años, en un momento en que muy pocas mujeres europeas alcanzaban ese grado académico. Se incorporó en 1923 al Instituto del Radio de Viena, donde, casi siempre sin ningún sueldo fijo porque las instituciones académicas austríacas rara vez remuneraban a las mujeres en puestos de investigación, dedicó años a perfeccionar la técnica de la emulsión fotográfica nuclear: placas recubiertas de una capa sensible capaz de registrar, como si fuera una fotografía, el rastro exacto que dejaba a su paso una partícula subatómica al atravesarla, algo que ningún instrumento de la época permitía observar de forma directa.
Estrellas de desintegración en una placa fotográfica
Junto a su asistente Hertha Wambacher, y trabajando en parte desde el observatorio de montaña de Hafelekar, cerca de Innsbruck, para aprovechar la mayor intensidad de los rayos cósmicos en altitud, Blau expuso placas de emulsión durante semanas a la radiación cósmica natural. En 1937, al revelar y examinar esas placas bajo el microscopio, descubrió patrones de trazas que partían todas de un mismo punto central en múltiples direcciones, como el estallido de una estrella: la primera evidencia fotográfica directa de un núcleo atómico pesado siendo despedazado por el impacto de un protón procedente del espacio. Bautizaron el fenómeno "estrellas de desintegración", y el hallazgo se convirtió en una de las observaciones fundacionales de lo que con el tiempo se conocería como física de partículas de alta energía.
El ángulo menos contado: perseguida por mujer y por judía, huyó dejando atrás sus propios cuadernos de laboratorio
El ascenso del nazismo alcanzó a Blau de lleno: colegas de la época llegaron a comentar abiertamente que ser "mujer y además judía era ya demasiado" para aspirar a un puesto respetado en la física austríaca. Tras la anexión de Austria por la Alemania nazi en marzo de 1938, Blau huyó primero a Oslo y después a Ciudad de México, donde trabajó en el Instituto Politécnico Nacional entre 1938 y 1944, dejando atrás en Viena buena parte de sus cuadernos y datos de laboratorio, que colegas que permanecieron en el instituto continuarían usando y publicando durante años sin apenas reconocer su autoría original. Pasó después por la Universidad de Columbia, el Laboratorio Nacional de Brookhaven y la Universidad de Miami, siempre en puestos temporales o de investigación, antes de regresar en 1960 a Viena, al mismo Instituto del Radio donde había empezado, de nuevo sin sueldo fijo.
El Nobel que se llevó otro físico con su propia técnica
El físico británico Cecil Powell utilizó, a partir de los años 40, una versión perfeccionada de la técnica de emulsión fotográfica que Blau había desarrollado, y con ella descubrió en 1947 el pión, la partícula subatómica que confirmó la existencia de la fuerza nuclear fuerte predicha años antes por Hideki Yukawa. En 1950, la Academia sueca concedió el Premio Nobel de Física en solitario a Powell "por el desarrollo del método fotográfico para el estudio de procesos nucleares", sin mencionar a Blau, pese a que Erwin Schrödinger la había nominado formalmente para ese mismo premio en varias ocasiones durante esos años, junto a Wambacher, precisamente por haber sido pionera del método que Powell terminó llevándose el reconocimiento por perfeccionar. Blau murió en Viena en enero de 1970, en la pobreza y prácticamente olvidada por la comunidad científica internacional.
Por qué importa hoy
Casi noventa años después de que Blau revelara sus primeras estrellas de desintegración en una placa fotográfica, la física de partículas sigue persiguiendo la misma ambición que ella persiguió entonces: convertir en imagen visible lo que ningún instrumento puede detectar de forma directa. El 21 de marzo de 2026, un equipo conjunto de la ETH de Zúrich y la Escuela Politécnica Federal de Lausana publicó en Nature Communications el desarrollo de PLATON, un detector que no usa placas de emulsión sino una cámara plenóptica de campo de luz combinada con un sensor de fotodiodos de avalancha de un solo fotón y bloques de material centelleador sin segmentar, capaz de reconstruir en tres dimensiones y con una resolución inferior al milímetro las trayectorias de partículas dentro de un volumen de detección, con aplicaciones que el propio equipo ya está patentando para escáneres médicos de tomografía por emisión de positrones. La tecnología es radicalmente distinta a la que usó Blau, pero el objetivo de fondo es idéntico al que ella persiguió sin sueldo fijo en un instituto vienés: lograr, por fin, que lo invisible deje un rastro que se pueda ver.