Llegó a Estados Unidos huyendo de los pogromos en Polonia siendo un niño pobre que no hablaba inglés. Décadas después, la Marina lo rechazó dos veces para ascenderlo a almirante, hasta que el Congreso, en un hecho casi sin precedentes, obligó a la Armada
El ingeniero naval Hyman G. Rickover, hijo de una familia judía que emigró a Estados Unidos huyendo de la persecución en la Polonia rusa, dirigió el programa que construyó el USS Nautilus, botado en 1954 como el primer submarino nuclear de la historia, y
De refugiado sin idioma a alumno de la Academia Naval
Hyman George Rickover nació en 1900 en Maków Mazowiecki, una localidad entonces bajo dominio del Imperio ruso, en el seno de una familia judía que emigró a Estados Unidos en 1906 huyendo de la ola de pogromos y persecución antisemita que sacudía la región. La familia se instaló en Chicago, donde Rickover creció en la pobreza, compaginando la escuela con pequeños trabajos de reparto, hasta que un congresista local lo recomendó para una plaza en la Academia Naval de Annapolis, de la que se graduó en 1922 tras varios años de estudio disciplinado. Sirvió en submarinos y, más tarde, obtuvo un título de posgrado en ingeniería eléctrica en la Universidad de Columbia, especializándose en una rama técnica de la Marina lejos del prestigio social de los oficiales de línea de combate.
Un grupo de estudio en Oak Ridge que se convirtió en obsesión personal
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la Marina estadounidense envió a Rickover en 1946, junto a un pequeño grupo de oficiales, a estudiar la tecnología de reactores nucleares en el laboratorio de Oak Ridge, Tennessee, dentro de un programa exploratorio sobre las posibles aplicaciones militares de la energía atómica. Convencido de que un reactor nuclear podía dar a un submarino algo que ningún motor diésel había logrado nunca —la capacidad de permanecer sumergido durante semanas sin salir a respirar—, Rickover empezó a presionar, con una energía que sus superiores encontraban tan útil como incómoda, para que la Marina financiara el desarrollo de un submarino de propulsión nuclear.
El ángulo menos contado: el Congreso tuvo que forzar su ascenso, algo casi sin precedentes en la Marina
Rickover se ganó fama de saltarse la cadena de mando naval siempre que la consideraba un obstáculo, y de someter personalmente a cada candidato a su programa nuclear a entrevistas de selección extremadamente duras e imprevisibles, diseñadas para comprobar cómo reaccionaba cada oficial bajo presión, hasta convertirse en leyenda dentro de la Marina. Esa misma actitud le granjeó tantos enemigos dentro del estamento naval que las juntas de selección lo descartaron para el ascenso a almirante en dos ocasiones consecutivas, a mediados de los años 50, pese a dirigir ya el programa nuclear más estratégico del país. La situación generó tal revuelo público y político que el Congreso de Estados Unidos intervino directamente, en un hecho casi sin precedentes en la historia militar del país, y presionó a la Marina para que revisara su caso; Rickover fue finalmente ascendido a contraalmirante en 1953.
El Nautilus y la primera central nuclear comercial del país
Bajo su dirección, el USS Nautilus se convirtió en 1954 en el primer submarino de propulsión nuclear de la historia, capaz de permanecer sumergido y navegar a máxima velocidad durante periodos que ningún submarino diésel podía igualar; en 1958 completó el primer cruce submarino bajo el Polo Norte. Rickover dirigió después el desarrollo de la central de Shippingport, en Pensilvania, inaugurada en 1957 como la primera planta nuclear comercial de Estados Unidos en generar electricidad para la red civil. Permaneció en activo en la Marina durante sesenta y tres años, más tiempo que cualquier otro oficial en la historia naval estadounidense, hasta que el propio secretario de la Marina forzó su retiro en 1982, cuando Rickover tenía ya 82 años.
Por qué importa hoy
Setenta y dos años después de que el Nautilus de Rickover demostrara que un reactor nuclear podía dar a un submarino una autonomía sin precedentes, otro país se prepara para dar ese mismo salto. El Ministerio de Defensa de Corea del Sur publicó a finales de julio de 2026 un anteproyecto de la Ley Especial sobre Adquisición, Operación y Gestión de Seguridad de Submarinos de Propulsión Nuclear, sometido a consulta pública hasta el 7 de septiembre de 2026, con el objetivo de que entre en vigor antes de que termine el año; la norma crea un comité estratégico específico, establece el marco de seguridad nuclear para la aprobación de reactores y la gestión del combustible y los residuos radiactivos, y exime al programa de los estudios de viabilidad habituales para acelerar su desarrollo. El proyecto, bautizado Jangbogo-N, contempla submarinos de propulsión nuclear de unas 8.000 toneladas alimentados con combustible de uranio poco enriquecido, diseñados para operar largos periodos sin necesidad de repostar, con una primera botadura prevista a mediados de la década de 2030 y la entrada en servicio hacia el final de esa misma década. Setenta años después de que la Marina estadounidense rechazara ascender dos veces al hombre que dirigía su programa nuclear más estratégico, Corea del Sur inicia ahora el mismo camino que Rickover abrió con el Nautilus: convertir un reactor nuclear en el corazón de un submarino.