Explicó por carta cómo funcionaba el descubrimiento más importante de la física del siglo XX. El Nobel se lo dieron a su compañero de laboratorio
Lise Meitner pasó años sin sueldo, sin poder subir a las plantas donde trabajaban sus colegas varones, y aun así fue la primera en entender por qué un átomo de uranio podía partirse en dos liberando una cantidad de energía nunca vista. Bautizó el fenómeno
Una física a la que no dejaban subir la escalera
Lise Meitner nació en Viena en 1878 y, en 1906, se convirtió en la segunda mujer en obtener un doctorado en física por la Universidad de Viena. Se trasladó después a Berlín para colaborar con el químico Otto Hahn, y cuando ambos se incorporaron al recién creado Instituto Kaiser Wilhelm hacia 1912, a Meitner solo se le permitió trabajar en un pequeño sótano, sin salario, y tuvo que usar durante un tiempo una entrada distinta a la de sus colegas varones, sin acceso a las plantas superiores del edificio donde ellos trabajaban. Pese a ese punto de partida, en 1917 descubrió junto a Hahn el isótopo del elemento protactinio, en 1922 describió lo que hoy se conoce como efecto Auger —tres años antes que el físico francés que le dio nombre al fenómeno— y en 1926 se convirtió en la primera mujer en ejercer como catedrática de física en la Universidad de Berlín.
Huir de Alemania en mitad del experimento decisivo
Como judía austriaca, Meitner perdió la protección que le había dado hasta entonces su nacionalidad austriaca cuando la Alemania nazi anexionó Austria en 1938, y se vio obligada a huir de Berlín en julio de ese año, llegando a Suecia prácticamente sin recursos. Desde el exilio, mantuvo por carta su colaboración científica con el equipo que había dejado en Berlín, formado por Hahn y el químico Fritz Strassmann. En diciembre de 1938, bombardeando uranio con neutrones, Hahn y Strassmann obtuvieron un resultado que no encajaba con la física conocida hasta entonces: lo que parecía químicamente bario, un elemento de masa aproximadamente la mitad que la del uranio. Desconcertado, Hahn escribió a Meitner en Suecia para pedirle una explicación.
Una caminata en la nieve que reescribió la física nuclear
Durante las vacaciones de Navidad de 1938, Meitner recibió a su sobrino, el físico Otto Frisch, y juntos, paseando por la nieve sueca, desarrollaron la explicación teórica que a Hahn se le escapaba: aplicando el modelo de "gota líquida" del núcleo atómico, dedujeron que el núcleo de uranio podía deformarse y partirse en dos fragmentos de tamaño similar, liberando una cantidad de energía enorme según la relación masa-energía de Einstein. Meitner y Frisch publicaron esta explicación en la revista Nature en febrero de 1939, y fueron ellos quienes acuñaron el término "fisión nuclear", tomado prestado de la biología celular, una palabra que nunca llegó a aparecer en el artículo original de Hahn.
El ángulo que casi nadie cuenta con la misma claridad: el desaire del Nobel
En 1944, el comité del Nobel concedió el Premio de Química únicamente a Otto Hahn, "por el descubrimiento de la fisión de los núcleos pesados", usando precisamente la palabra que Hahn nunca había empleado en su propio trabajo y que Meitner había acuñado. La contribución teórica decisiva de Meitner y Frisch, y el papel de Meitner guiando desde el exilio los experimentos de su antiguo equipo, quedaron sin reconocimiento oficial. Según recogen varias biografías, en su discurso de aceptación Hahn se refirió a ella únicamente como una colega de laboratorio, sin llegar a nombrarla. El propio Hahn, de hecho, se enteró de que había ganado el Nobel por un periódico, mientras permanecía retenido junto a otros científicos alemanes en Farm Hall, Inglaterra, al término de la guerra. Historiadores de la ciencia consideran hoy este episodio uno de los ejemplos más citados de una aportación científica femenina borrada del reconocimiento oficial, junto a casos como los de Rosalind Franklin o Jocelyn Bell Burnell.
Rechazar la bomba que su propio descubrimiento hizo posible
Meitner fue invitada a sumarse al Proyecto Manhattan, pero se negó a participar en el desarrollo de armas nucleares pese a que su física era la base teórica que lo sustentaba. Permaneció en Suecia, se nacionalizó sueca y continuó su carrera científica, recibiendo con el tiempo numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Enrico Fermi en 1966, compartido junto a Hahn y Strassmann, en lo que se interpretó como una reparación tardía y parcial del desaire original. Retomó su amistad personal con Hahn poco antes de que ambos murieran, en 1968. Décadas más tarde, el elemento químico 109 fue bautizado como meitnerio en su honor, uno de los pocos elementos de la tabla periódica que llevan el nombre de una mujer.
Por qué importa hoy
La fisión nuclear que Meitner explicó en aquella carta desde el exilio es, siete décadas y media después, la física que sustenta tanto las armas nucleares como las centrales que hoy generan una parte significativa de la electricidad mundial sin emisiones directas de carbono, y también la que hace posible producir en reactores muchos de los isótopos que hoy se usan a diario en medicina, agricultura e industria. Pocas historias ilustran con tanta claridad la distancia que a veces separa quién hace un descubrimiento de quién recibe el crédito por él.