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Firmó el carné del partido de Mussolini para no perder la financiación de su programa de trigo, y esa misma firma bastó para que el mundo olvidara.

El agrónomo italiano Nazareno Strampelli cruzó en 1913 una selección propia con la variedad japonesa Akakomugi y obtuvo, aplicando genética mendeliana antes que casi nadie en Europa, trigos de tallo corto y maduración temprana.

✍️ Montse 📅 12 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 4 visitas
Firmó el carné del partido de Mussolini para no perder la financiación de su programa de trigo, y esa misma firma bastó para que el mundo olvidara.

Una Europa que llevaba siglos cultivando el mismo trigo alto y tardío

A finales del siglo XIX, el trigo que se cultivaba en la Europa mediterránea apenas había cambiado en generaciones: variedades de tallo alto y maduración lenta, que rendían bien en años de lluvia abundante pero se doblaban sobre sí mismas en cuanto se les aplicaba más fertilizante del que su propio tallo podía sostener, y que agotaban buena parte de la humedad del suelo antes de llegar a la cosecha en las zonas más secas del país. Italia, con una población en crecimiento y una dependencia creciente del trigo importado, necesitaba variedades capaces de producir más grano sin desplomarse ni exigir un clima que gran parte del país no tenía.

Un cruce con una variedad japonesa que casi nadie en Europa conocía

Nazareno Strampelli, nacido en 1866 en Castelraimondo, en las Marcas italianas, se licenció en agricultura por la Universidad de Pisa en 1891 y dedicó las dos décadas siguientes a un programa de mejora genética del trigo tan sistemático como sus propios medios permitían: llegó a ensayar alrededor de ochocientos cruces distintos entre variedades procedentes de todo el mundo. En 1913 cruzó una selección propia con Akakomugi, una variedad japonesa que portaba un gen de tallo corto y otro de maduración temprana, dos rasgos que ninguna variedad europea combinaba entonces. El resultado, bautizado después Mentana, era un trigo mucho más bajo que crecía y maduraba semanas antes que las variedades tradicionales, capaz de escapar del estrés hídrico del verano mediterráneo y de sostener mucho más grano por espiga sin doblarse.

El ángulo menos contado: una firma de partido que le costó el lugar en la historia

El éxito agronómico de Strampelli coincidió, a partir de 1925, con la ascensión al poder de Benito Mussolini, cuyo régimen lanzó ese mismo año la Battaglia del Grano, una campaña de propaganda y política agrícola destinada a que Italia dejara de depender del trigo extranjero. Las variedades de Strampelli, sobre todo Mentana y, más tarde, Ardito, se convirtieron en el instrumento técnico central de esa campaña: la producción nacional de trigo pasó de 4,4 millones de toneladas en 1922 a 8 millones en 1933. Strampelli se afilió al Partido Nacional Fascista en 1925 y fue nombrado senador del reino en 1929, una cercanía política que le garantizó financiación y prestigio en vida, pero que, derrotado el fascismo, condenó su nombre al silencio fuera de Italia: publicó la inmensa mayoría de sus trabajos en italiano, apenas asistió a congresos internacionales, y el mundo académico de posguerra prefirió no examinar de cerca los logros científicos vinculados al régimen que los había financiado.

El gen que viajó sin el nombre de quien lo cruzó primero

Norman Borlaug desarrolló, entre los años 40 y 60 en México, las variedades de trigo semienano que desencadenarían la Revolución Verde y le valdrían el Premio Nobel de la Paz en 1970. Investigaciones históricas y genéticas posteriores han establecido que buena parte del material que llegó a sus programas a través de variedades intermedias procedía, en última instancia, de las propias líneas de Strampelli, y que el gen de insensibilidad al fotoperiodo que hizo posible cultivar esas variedades en latitudes muy distintas a las suyas de origen es el mismo que Strampelli había fijado décadas antes al cruzar con Akakomugi. Ese haplotipo sigue siendo hoy, según los propios genetistas que han rastreado su origen, extremadamente frecuente en las variedades de trigo que se cultivan en México.

Por qué importa hoy

El 22 de abril de 2026, el Instituto Leibniz de Genética Vegetal y Cultivos (IPK) de Gatersleben, en Alemania, anunció que un equipo liderado por el investigador Jianyong Chen y el profesor Andreas Houben había logrado, mediante CRISPR-Cas9 dirigido contra el ADN satélite, reducir drásticamente o eliminar por completo cromosomas concretos del trigo, un método que los propios autores compararon con "cortar una cuerda por varios puntos a la vez" para desestabilizarla de forma controlada. La técnica permite generar en un solo paso variantes genéticas que antes solo podían obtenerse esperando a que apareciera, por puro azar, un cruce como el que Strampelli tardó ochocientos intentos en encontrar, y abre la puerta a transferir con rapidez genes de resistencia a plagas, enfermedades y al estrés por sequía o calor desde parientes silvestres del trigo hacia las variedades comerciales actuales. Poco más de un siglo después de que Strampelli cruzara una selección propia con una variedad japonesa casi desconocida en Europa, la genética vegetal sigue persiguiendo exactamente lo que él perseguía a mano, cruce a cruce: encontrar, cuanto antes, el gen que un trigo necesita para sobrevivir al clima que le toca.

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