En vivo
Todas
Agricultura
Medicina
Alimentación
Industria
Nuclear

Untaban las viñas con una mezcla azul para que pareciera veneno y así espantar a los ladrones de uva. Un botánico se fijó en que esas cepas, y solo esas, no se estaban muriendo

En octubre de 1882, el botánico francés Pierre-Marie-Alexis Millardet paseaba por el Médoc, en plena crisis del mildiu que arrasaba los viñedos franceses, cuando notó algo que nadie había investigado antes: las cepas pintadas de azul junto a los caminos,

✍️ Montse 📅 07 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 0 visitas
Untaban las viñas con una mezcla azul para que pareciera veneno y así espantar a los ladrones de uva. Un botánico se fijó en que esas cepas, y solo esas, no se estaban muriendo

Dos plagas americanas a la vez, y una viticultura al borde del colapso

A mediados del siglo XIX, la viticultura francesa importó sin saberlo dos desastres desde América junto con las vides que traía para experimentar con nuevas variedades. El primero fue la filoxera, un insecto minúsculo que devoraba las raíces de la vid europea y que Millardet, profesor de botánica primero en Estrasburgo y Nancy y desde 1876 en Burdeos, ayudó a resolver injertando variedades francesas sobre pies de vid americana resistentes, en colaboración con el botánico Jules Émile Planchon. El segundo desastre llegó por el mismo camino y resultó más difícil de ver venir: Plasmopara viticola, el hongo causante del mildiu velloso, que en pocos años pasó de ser una curiosidad de herbario a arrasar cosechas enteras, cubriendo las hojas de un moho blanquecino que las secaba antes de que el racimo llegara a madurar. A comienzos de la década de 1880, con la filoxera todavía sin resolver del todo, el mildiu amenazaba con completar la ruina de la viticultura francesa.

Una mezcla pensada para asustar, no para curar

En octubre de 1882, Millardet caminaba por los viñedos del Médoc, cerca de Burdeos, cuando reparó en una práctica local que los propios viticultores no consideraban más que un truco disuasorio: para evitar que los caminantes robaran uva de las cepas más próximas a los caminos, los agricultores las rociaban con una mezcla de sulfato de cobre y cal, de un azul turbio y de aspecto sucio, pensada únicamente para que la fruta pareciera envenenada y nadie quisiera llevársela. Nadie esperaba de esa mezcla ningún efecto sobre las enfermedades de la planta. Millardet, sin embargo, notó algo que a nadie más le había llamado la atención: aquellas cepas concretas, las manchadas de azul junto al camino, conservaban las hojas verdes y sanas mientras el resto del viñedo se perdía bajo el mildiu.

El ángulo menos contado: un botánico que necesitó a un químico para no quedarse en la anécdota

Convertir esa observación de campo en un tratamiento fiable no fue obra de Millardet en solitario. Se asoció con el profesor de química de la Universidad de Burdeos Ulysse Gayon, con quien pasó los meses siguientes ajustando las proporciones exactas de cal y sulfato de cobre disueltas en agua, buscando la concentración que matara al hongo sobre la hoja sin quemar la propia planta ni desperdiciar cobre. El resultado, publicado en una serie de comunicaciones a partir de 1885 bajo el título "Tratamiento del mildiu por el cobre", se difundió con una rapidez inusual para la época: en apenas unos años, el llamado caldo bordelés, bautizado así por su origen en la región vinícola, se convirtió en el primer fungicida de la historia capaz de aplicarse a escala comercial, y su uso se extendió mucho más allá del viñedo, hasta los cultivos de patata y otras muchas hortalizas de medio mundo.

Un remedio que resolvió una crisis y sembró otra, mucho más lenta

El caldo bordelés salvó de la ruina a buena parte de la viticultura europea en las últimas décadas del siglo XIX, y su principio básico —cobre disuelto, aplicado directamente sobre la hoja, tóxico para el hongo antes de que este penetre en el tejido— sigue siendo, siglo y medio después, uno de los pocos tratamientos autorizados contra el mildiu en la agricultura ecológica, donde los fungicidas de síntesis están prohibidos. Ese mismo cobre, sin embargo, no se degrada: se acumula en el suelo aplicación tras aplicación, y décadas de uso intensivo, sobre todo en plantaciones bananeras de Centroamérica durante los años 20 y 30, dejaron constancia de los daños que la exposición prolongada al cobre puede causar tanto en los suelos como en la salud de quienes lo manipulan.

Por qué importa hoy

Esa acumulación es, en 2026, el centro de una crisis regulatoria muy real para la viticultura ecológica francesa. El 15 de julio de 2025, la agencia sanitaria francesa ANSES retiró la autorización de comercialización de diecinueve productos fungicidas a base de cobre; desde el 15 de enero de 2026 esos productos ya no pueden comprarse ni venderse en Francia, aunque las existencias compradas antes de esa fecha aún puedan agotarse a lo largo del año. La normativa europea limita el cobre a 28 kilogramos por hectárea a lo largo de siete años, un umbral que los propios viticultores ecológicos franceses cumplían con margen de sobra —un promedio de apenas 3,72 kilogramos por hectárea en 2024—, pero la retirada de productos concretos deja a muchas explotaciones sin herramienta legal para aplicar ni siquiera esa dosis reducida. Distintas estimaciones del sector calculan que hasta un 20% de la superficie de viñedo ecológico francés podría perder su certificación si no logra controlar el mildiu por otra vía, con Alsacia, Champaña, Borgoña y la propia Burdeos entre las regiones más expuestas por su clima húmedo, y sin que exista todavía, año y medio después del primer aviso, un fungicida ecológico alternativo capaz de sustituir con la misma eficacia lo que Millardet observó por accidente junto a un camino del Médoc hace casi ciento cuarenta y cuatro años.

Compartir:
Artículos relacionados
🚜 Agricultura
Bautizaron con su nombre una ley agrícola que en realidad había descubierto otro químico doce años antes que él. Y con esa misma ley en la mano, fabricó un fertilizante que fracasó por ignorar el nutriente que él mismo menospreciaba
Liebig fundó la química agrícola en 1840, pero la ley que lleva su nombre la descubrió Carl Sprengel antes, y su propio fertilizante fracasó por subestimar el nitrógeno.
🚜 Agricultura
A los agrónomos les habían enseñado que un tallo corto era un defecto que había que eliminar del arroz. Ese defecto acabó duplicando la cosecha de Asia
Un agrónomo casi jubilado y un científico indio cruzaron un gen enano taiwanés con una variedad indonesia y evitaron una hambruna en Asia. Ese principio guía hoy el arroz contra el clima.
🚜 Agricultura
Un químico alemán logró sacar amoníaco del aire en un tubo de ensayo sometido a la presión de las profundidades del mar. Un ingeniero que descifró por qué el acero se rompía por dentro sin motivo aparente convirtió ese goteo de laboratorio en la fábrica q
En 1909, Fritz Haber sintetizó amoníaco del aire en Karlsruhe; Bosch y Mittasch lo llevaron a Oppau en 1913. Hoy Minnesota prueba a fabricarlo con energía eólica.