Llevaba una cápsula de cianuro colgada de la cadena del reloj, por si la desesperación ganaba la partida. Dieciséis meses antes de que el mundo conociera el invento que cambiaría la ropa para siempre, la desesperación ganó
El químico estadounidense Wallace Carothers dirigió en DuPont el laboratorio que inventó el neopreno en 1930 y el nailon en 1935, la primera fibra totalmente sintética de la historia. Arrastraba una depresión crónica que le llevó a mostrar a un colega, ya
Un experimento inédito en la América corporativa: pagar por investigar sin buscar nada concreto
En 1927, DuPont tomó una decisión poco habitual para una empresa industrial de la época: financiar un departamento de investigación fundamental, sin un objetivo comercial inmediato, solo para entender mejor la química de los polímeros. Para dirigirlo reclutaron a Wallace Carothers, entonces instructor de química orgánica en Harvard, doctorado bajo Roger Adams en la Universidad de Illinois. Carothers dudó antes de aceptar, citando lo que él mismo llamaba sus "episodios neuróticos de capacidad disminuida", su forma de nombrar una depresión que ya le acompañaba desde años atrás. Empezó a trabajar en la Estación Experimental de DuPont, cerca de Wilmington, Delaware, el 6 de febrero de 1928.
Un caucho sintético primero, un hilo que nadie sabía que hacía falta después
En abril de 1930, Arnold Collins, miembro de su equipo, aisló el cloropreno, dando lugar al neopreno, el primer caucho sintético de la historia y el primer resultado tangible del laboratorio. A partir de 1934, Carothers reorientó al grupo hacia el estudio de las poliamidas, y el 28 de febrero de 1935, bajo su dirección, Gerard Berchet obtuvo el polímero 6-6, que años después se comercializaría como nailon: una fibra completamente sintética, resistente y elástica, que por primera vez liberaba a la industria textil de su dependencia de la seda producida por gusanos.
El ángulo menos contado: cargaba con el veneno mientras firmaba las patentes que cambiarían el mundo
Carothers arrastraba una depresión crónica que se agravó precisamente durante los años de sus mayores logros científicos. En 1931, poco después del éxito del neopreno, mostró a su colega Julian Hill una cápsula de cianuro que llevaba colgada de la cadena de su reloj, una salida de emergencia por si la desesperación se volvía insoportable. En el verano de 1934 desapareció durante un tiempo y fue encontrado en una clínica psiquiátrica. En junio de 1936 ingresó de forma involuntaria en el instituto psiquiátrico del Pennsylvania Hospital, bajo el cuidado del doctor Kenneth Appel. Su estado empeoró todavía más cuando su hermana Isobel murió de neumonía el 8 de enero de 1937.
Una habitación de hotel, un limón exprimido, y un mundo que aún no sabía lo que había ganado
El 28 de abril de 1937, Carothers visitó la Estación Experimental de DuPont por última vez. Al día siguiente, hacia las cinco de la tarde, lo encontraron muerto en una habitación de hotel de Filadelfia, tras beber una sal de cianuro disuelta en zumo de limón para disimular el sabor amargo. Murió dieciséis meses antes de que el nailon se anunciara públicamente, el 27 de octubre de 1938, y más de tres años antes de que las medias de nailon desataran una auténtica fiebre comercial el 15 de mayo de 1940, el llamado "día N", cuando mujeres de todo Estados Unidos hicieron cola frente a las tiendas para conseguir un par.
Por qué importa hoy
El 25 de marzo de 2026, la empresa británica de biotecnología Epoch Biodesign presentó una tecnología de reciclaje enzimático, apoyada en inteligencia artificial y biología sintética, capaz de descomponer residuos de nailon a temperatura ambiente en sus monómeros originales, ácido adípico y hexametilendiamina, incluso a partir de materiales complejos como tejidos mezclados, telas recubiertas o plásticos reforzados, con aplicaciones previstas en la industria textil y automotriz. La compañía, que ya suma más de 50 millones de dólares en financiación, entre sus inversores la marca de ropa deportiva Lululemon, prepara ahora el salto de las plantas piloto a instalaciones de demostración a escala comercial. Noventa años después de que Carothers construyera una fibra pensada precisamente para no degradarse jamás, la química trabaja hoy en deshacerla, molécula por molécula, hasta devolverla a sus componentes originales.