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Organizó 115 expediciones a 64 países para reunir 380.000 semillas y blindar al mundo contra el hambre. Stalin lo acusó de saboteador, y murió de inanición en una prisión mientras nueve de sus propios ayudantes se dejaban morir de hambre.

Entre 1920 y 1940, el botánico soviético Nikolai Vavilov construyó en Leningrado el primer banco de semillas del mundo, convencido de que la diversidad genética silvestre era la única defensa real contra una futura hambruna.

✍️ Montse 📅 02 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 11 visitas
Organizó 115 expediciones a 64 países para reunir 380.000 semillas y blindar al mundo contra el hambre. Stalin lo acusó de saboteador, y murió de inanición en una prisión mientras nueve de sus propios ayudantes se dejaban morir de hambre.

Un agrónomo convencido de que el hambre se combate antes de que llegue

Nikolai Vavilov, nacido en Moscú en 1887, dedicó su carrera a una idea que en su época sonaba casi filosófica: las variedades de trigo, patata o maíz que se cultivaban en los campos europeos eran genéticamente pobres, uniformes y vulnerables, mientras que sus parientes silvestres, dispersos por regiones remotas de Asia, África y América Latina, conservaban genes de resistencia a plagas, sequías y heladas que la agricultura moderna había ido perdiendo generación tras generación. Vavilov identificó lo que llamó "centros de origen" de las plantas cultivadas, zonas geográficas concretas donde esa diversidad genética se concentraba, y se propuso reunirla toda antes de que desapareciera.

Ciento quince expediciones y 380.000 muestras, una apuesta contra el tiempo

Entre 1920 y 1939, Vavilov organizó 115 expediciones a 64 países, desde Afganistán hasta Etiopía y desde los Andes hasta el Ártico, reuniendo cerca de 380.000 muestras de semillas, tubérculos y frutos para el Instituto de Botánica Aplicada de Leningrado, alojado en un elegante edificio de tres plantas cerca de la plaza de San Isaac. Mantener viva esa colección exigía algo más que archivarla: cada variedad tenía que resembrarse periódicamente para conservar su viabilidad, una tarea que llegó a movilizar a unos 25.000 trabajadores agrícolas repartidos por estaciones experimentales de toda la Unión Soviética.

El ángulo menos contado: la ciencia que Stalin prefería no oír

El proyecto de Vavilov chocó de frente con la carrera del agrónomo Trofim Lysenko, que rechazaba la genética mendeliana en favor de teorías pseudocientíficas como la "vernalización", que prometían resultados agrícolas inmediatos, algo mucho más atractivo para un régimen empeñado en cumplir planes quinquenales que la paciente acumulación de diversidad genética de Vavilov. Lysenko contaba con el respaldo político de Stalin, y la insistencia de Vavilov en el rigor experimental lo convirtió en un objetivo. En agosto de 1940, mientras recolectaba semillas en una expedición por Ucrania occidental, agentes de la policía política soviética lo detuvieron acusándolo de espionaje y de sabotear la agricultura del país. Tras meses de interrogatorios, fue condenado a muerte en 1941, pena conmutada después por veinte años de trabajos forzados, y trasladado a una prisión en Sarátov.

El asedio: nueve científicos que se dejaron morir junto a lo que no quisieron comer

Mientras Vavilov languidecía en prisión, su antiguo instituto en Leningrado atravesaba su propia prueba extrema. Durante el asedio de la ciudad por las tropas alemanas, casi 900 días entre 1941 y 1944 en los que murieron de hambre más de un millón de civiles, un grupo de colaboradores de Vavilov permaneció junto a la colección de semillas, decidido a no dejarla desaparecer. Nueve de ellos murieron de inanición sin tocar ni un solo grano de las reservas que custodiaban: Dimitri Ivanov, especialista en arroz, falleció rodeado de sacos de arroz; Alexander Stchukin murió protegiendo las muestras de cacahuete; a ellos se sumaron otros siete colegas, entre ellos Liliya Rodina y Georgi Kriyer, que se dejaron morir de hambre en el mismo edificio donde se almacenaba comida que ninguno quiso probar.

Murió sin saber que su colección había sobrevivido

Nikolai Vavilov murió de inanición el 26 de enero de 1943 en la prisión de Sarátov, todavía oficialmente clasificado como enemigo del Estado, sin que su fallecimiento se reconociera públicamente hasta años después. Fue rehabilitado de forma póstuma en 1955, tras la muerte de Stalin, y el instituto que había fundado, hoy conocido como Instituto Vavilov de Recursos Vegetales, sobrevivió a la guerra y se convirtió en el modelo sobre el que se construirían los bancos de semillas modernos de todo el mundo.

Por qué importa hoy

El 26 de febrero de 2026, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en el Ártico noruego, recibió su primer depósito del año: 7.864 muestras de semillas procedentes de diez instituciones distintas, entre ellas el Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícolas de Guatemala, que aportó 950 muestras de diez especies que incluyen variedades tradicionales de maíz y frijol conservadas por agricultores locales, y la Universidad de Córdoba, en España, que depositó por primera vez en la historia de la bóveda germoplasma de olivo. Con ese depósito, el número 69 desde su apertura en 2008, la instalación superó los 1.386.000 ejemplares de semillas resguardados. Svalbard es, en esencia, la respuesta institucional al problema que la historia de Vavilov expone con crudeza: ni siquiera la colección mejor cuidada del mundo está a salvo si depende de un único lugar, un único gobierno o la voluntad política de un único momento histórico.

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