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Un aprendiz de librero alemán sin título universitario llegó a Estados Unidos casi sin dinero, y años después rompió en solitario un monopolio que Sicilia llevaba controlando desde la Antigüedad. Lo consiguió derritiendo una roca sólida bajo tierra y sacá

Herman Frasch, alemán autodidacta emigrado a Estados Unidos sin formación universitaria, patentó en 1890 un método para extraer azufre de yacimientos subterráneos de Luisiana sepultados bajo arenas movedizas donde ninguna mina convencional podía excavar.

✍️ Montse 📅 08 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 0 visitas
Un aprendiz de librero alemán sin título universitario llegó a Estados Unidos casi sin dinero, y años después rompió en solitario un monopolio que Sicilia llevaba controlando desde la Antigüedad. Lo consiguió derritiendo una roca sólida bajo tierra y sacá

Un monopolio que llevaba controlando el mundo desde la Antigüedad

Hasta finales del siglo XIX, Sicilia dominaba casi en solitario la producción mundial de azufre, un mineral esencial para fabricar pólvora, vulcanizar caucho y, sobre todo, producir ácido sulfúrico, la sustancia química más utilizada en la industria de cualquier país en proceso de industrialización. El método siciliano, apenas cambiado en siglos, exigía excavar minas convencionales y extraer el mineral en bruto para fundirlo después en superficie, un proceso lento, caro y con un coste humano considerable. Cualquier nación fuera de Sicilia que quisiera azufre dependía, en la práctica, de lo que ese mercado decidiera cobrar.

Un librero convertido en químico de refinería sin pisar la universidad

Herman Frasch nació el 25 de diciembre de 1851 en Oberrot, en el reino de Wurtemberg, y se formó como aprendiz de librero antes de emigrar a Estados Unidos siendo apenas un adolescente, sin ninguna educación universitaria formal en química. Se abrió camino como ayudante de laboratorio en Filadelfia y, entre 1885 y 1887, desarrolló para Standard Oil un método con óxido de cobre capaz de eliminar el azufre del crudo de mala calidad —apodado despectivamente "petróleo mofeta" por su olor— extraído de yacimientos de Canadá y Ohio, un proceso que hizo ganar a la compañía sumas considerables mientras mantuvo la patente en exclusiva hasta 1905.

El ángulo menos contado: derritió una roca sólida bajo tierra sin sacarla nunca a la superficie sólida

A finales de la década de 1880, se habían localizado en la parroquia de Calcasieu, Luisiana, enormes yacimientos de azufre, pero sepultados bajo capas de arenas movedizas que hacían colapsar cualquier pozo minero convencional y liberaban además gases tóxicos, un obstáculo que había arruinado ya a varias empresas que lo intentaron. Frasch resolvió el problema con una idea que prescindía por completo de excavar: el 20 de octubre de 1890 patentó un sistema de tres tubos concéntricos que se hincaban directamente en el yacimiento. Por el tubo exterior bombeaba agua sobrecalentada a unos 165 grados, muy por encima de los 115 grados a los que funde el azufre, licuando el mineral bajo tierra sin necesidad de tocarlo; el azufre fundido ascendía por el tubo intermedio, y aire comprimido inyectado por el tubo interior lo aireaba y aligeraba lo suficiente como para que la propia presión del agua lo empujara hasta la superficie ya convertido en líquido. El azufre nunca llegaba a ser sólido hasta salir por la boca del pozo.

Cuatro años de fracasos, y una Nochebuena decisiva

La idea, brillante sobre el papel, tardó años en funcionar en la práctica: las primeras calderas perdían demasiado calor antes de alcanzar el yacimiento, y varios intentos terminaron en fracaso económico y técnico. La ruptura llegó el 24 de diciembre de 1894, cuando el sistema por fin logró bombear azufre líquido puro hasta la superficie, llenando cuarenta barriles en apenas quince minutos. "Habíamos fundido el mineral bajo tierra y lo habíamos sacado a la superficie en forma líquida", resumiría el propio Frasch años después. Incluso con la técnica ya demostrada, el proyecto solo se volvió económicamente viable tras el descubrimiento en 1901 del pozo petrolífero de Spindletop, cuyo combustible barato permitió calentar el agua a un coste asumible; la producción comercial arrancó en 1903 en Sulphur, Luisiana, de la mano de la Union Sulphur Company que Frasch había fundado. Hacia 1908, sus costes de producción eran una quinta parte de los de la minería siciliana, una ventaja tan aplastante que ese mismo año obligó al cartel siciliano a negociar un reparto del mercado mundial fuera de Estados Unidos, garantizando a la compañía de Frasch un tercio del mercado internacional.

Por qué importa hoy

Ciento treinta años después de que Frasch rompiera la dependencia mundial de un único origen geográfico del azufre, el mundo vuelve a enfrentarse a una crisis de suministro sorprendentemente parecida, aunque esta vez el cuello de botella no sea un cartel minero sino la geografía del transporte marítimo. Según distintos análisis de la industria publicados a lo largo de 2025 y 2026, las tensiones geopolíticas en torno al estrecho de Ormuz han cortado buena parte de las rutas de exportación de azufre y ácido sulfúrico desde Oriente Medio, una región de la que dependía cerca del 48% del azufre que consume África, un 35% del que consume Asia y un 25% del europeo. El impacto se ha sentido con fuerza en la industria del fertilizante, que consume el 65% del ácido sulfúrico mundial, y en la minería del cobre, que necesita unas 2,5 toneladas de ácido por cada tonelada de cobre producido: en 2026, el precio del ácido sulfúrico chileno llegó a subir un 44% en un solo mes, y China anunció en mayo de ese año la suspensión de sus exportaciones de ácido sulfúrico, agravando todavía más la escasez para minas como Kamoa-Kakula, en la República Democrática del Congo. Ciento treinta años después de que un aprendiz de librero sin título universitario derritiera una roca bajo tierra para liberar al mundo de un solo proveedor de azufre, el planeta vuelve a descubrir lo peligroso que resulta depender de un único punto del mapa para un elemento que ninguna industria moderna puede permitirse dejar de tener.

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