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Un antiguo ayudante de Pasteur inventó la primera fibra sintética de la historia. La vendían con un apodo macabro: seda de la suegra

Hilaire de Chardonnet trabajó junto a Louis Pasteur investigando la enfermedad que arrasaba los gusanos de seda franceses. De esa experiencia nació la idea de fabricar seda artificial a partir de celulosa.

✍️ Montse 📅 04 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 14 visitas
Un antiguo ayudante de Pasteur inventó la primera fibra sintética de la historia. La vendían con un apodo macabro: seda de la suegra

Una industria de la seda al borde del colapso

Durante los años 1860, la industria sedera del sur de Francia, centrada en la región de Lyon y las Cévennes, se enfrentaba a una crisis existencial: una enfermedad llamada pebrina estaba diezmando las poblaciones de gusano de seda en toda Europa, reduciendo drásticamente la producción de seda natural. Louis Pasteur fue encargado de investigar el problema, y durante esos años reclutó a jóvenes científicos e ingenieros para ayudarle a estudiar la enfermedad microorganismo a microorganismo. Entre esos colaboradores estaba Hilaire Bernigaud, conde de Chardonnet, nacido en 1839 en Besançon y formado como ingeniero civil, que trabajó junto a Pasteur observando de cerca tanto la biología del gusano de seda como la fragilidad de toda una industria que dependía de un insecto vulnerable a la enfermedad.

Un accidente de laboratorio con una solución fotográfica

Aquella experiencia dejó a Chardonnet con una pregunta que no lo abandonaría: si la seda natural dependía de un organismo tan frágil, ¿por qué no fabricar una fibra similar por medios químicos, sin depender de ningún gusano? La respuesta llegó, según varias versiones de la historia, casi por accidente: trabajando con nitrocelulosa, un compuesto también conocido como algodón pólvora y usado entonces en fotografía y en explosivos, Chardonnet observó que una solución viscosa de este material, al secarse, formaba filamentos finos y continuos, sorprendentemente parecidos a hilos de seda. A partir de 1878 comenzó a experimentar de forma sistemática con el proceso, y en 1884 patentó una técnica para extruir esa solución de celulosa a través de finos tubos capilares de vidrio, formando hilos continuos que podían tejerse como cualquier fibra textil natural.

El debut que dejó boquiabierta a la Exposición Universal de París

Chardonnet presentó su invento en público en la Exposición Universal de París de 1889, donde vestidos confeccionados con aquella "seda artificial" causaron sensación entre el público. Dos años después, en 1891, abrió en su ciudad natal, Besançon, la Société de la Soie de Chardonnet, la primera fábrica del mundo dedicada a producir fibra sintética a escala comercial, dando origen a toda una industria que hoy fabrica desde ropa hasta materiales técnicos a partir de fibras hechas por el hombre.

El ángulo menos contado: una fibra que era, literalmente, pólvora tejida

El problema que la fama de Chardonnet suele omitir es que su seda artificial estaba fabricada, esencialmente, con el mismo compuesto que se usaba para pólvora sin humo: la nitrocelulosa es una sustancia extremadamente inflamable. La fibra de Chardonnet ardía con facilidad, y las prendas hechas con ella ganaron una reputación tan peligrosa que se ganaron el sobrenombre popular de "seda de la suegra", según se cuenta, por ser justo el tipo de regalo elegante que uno podría hacerle a una suegra de la que preferiría deshacerse. Chardonnet nunca resolvió del todo ese problema durante su vida; fueron procesos posteriores de desnitrificación, y sobre todo la invención de la viscosa por los químicos británicos Charles Cross, Edward Bevan y Clayton Beadle en 1892, un método basado en xantato de celulosa mucho menos peligroso, los que terminaron sustituyendo a la fibra original de Chardonnet como estándar de la industria en apenas un par de décadas.

Una idea que sobrevivió a su propia fórmula

Lo que sí sobrevivió, y sigue vigente en cada fibra sintética fabricada hoy, no fue la fórmula concreta de Chardonnet, sino el principio que la sostenía: disolver celulosa u otro polímero, forzarla a través de diminutos orificios y dejar que se solidifique en forma de hilo continuo. Ese mismo proceso de extrusión, con distintas químicas mucho más seguras, es la base con la que se fabrican hoy el nailon, el poliéster, el kevlar o el liocel.

Por qué importa hoy

Ese principio sigue evolucionando en la actualidad, y de nuevo desde la celulosa vegetal. La compañía Altri inauguró en Palas de Rei, Galicia, una planta bautizada GAMA capaz de producir 60.000 toneladas anuales de fibra liocel y otras 190.000 toneladas de celulosa soluble para la industria, ambas obtenidas a partir de eucalipto y cien por cien biodegradables y reciclables, mediante un proceso que evita el uso de cloro en el blanqueo. Según sus responsables técnicos, ningún otro proyecto europeo había alcanzado antes esa escala industrial en la producción de fibras textiles sostenibles, y la planta prevé incorporar en una segunda fase capacidad de reciclaje textil. Casi siglo y medio después de que un antiguo ayudante de Pasteur convirtiera la celulosa en hilo por primera vez, la industria sigue persiguiendo la misma promesa: una fibra fabricada por el hombre que no dependa de un gusano, ni tampoco, esta vez, del petróleo.

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