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Un periodista fue a entrevistarlo a su piso de París en 1894 y publicó la profecía más extraña del siglo: aseguró que en el año 2000 la humanidad comería carne, leche y pan fabricados enteramente en un laboratorio de química.

El químico francés Marcellin Berthelot, uno de los científicos más célebres de su tiempo y pionero de la síntesis orgánica, predijo en una entrevista de 1894 que la comida del futuro se fabricaría en factorías químicas y no se cultivaría en el campo.

✍️ Montse 📅 19 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 0 visitas
Un periodista fue a entrevistarlo a su piso de París en 1894 y publicó la profecía más extraña del siglo: aseguró que en el año 2000 la humanidad comería carne, leche y pan fabricados enteramente en un laboratorio de química.

El químico que creía que cualquier molécula de la vida podía fabricarse en un matraz

Marcellin Berthelot, nacido en París en 1827, era ya en la década de 1890 uno de los químicos más célebres y condecorados de Francia: había sido ministro de Instrucción Pública y de Asuntos Exteriores, presidía la Académie des Sciences y había dedicado buena parte de su carrera a demostrar, en contra de la opinión dominante de su época, que las sustancias orgánicas —hasta entonces consideradas producto exclusivo de organismos vivos— podían sintetizarse en el laboratorio a partir de elementos puramente inorgánicos. Había sintetizado por primera vez compuestos como el acetileno, el benceno y el metanol, y esa confianza en el poder ilimitado de la química de síntesis se convirtió en la base de una de sus convicciones más personales: que, tarde o temprano, la comida misma dejaría de depender del campo.

Una entrevista en su piso de París que se hizo célebre

En 1894, un periodista visitó a Berthelot en su domicilio parisino y publicó una entrevista en la que el químico, entonces con 67 años, expuso sin ambages su visión de la alimentación del futuro: predijo que "el gourmet del año 2000 cenará carne artificial, harina artificial y verduras artificiales", junto a vinos, licores y tabaco igualmente sintéticos, todo ello fabricado en factorías químicas y no cultivado en el campo. Describió esos alimentos como combinaciones producidas industrialmente de "materia nitrogenada", "grasa sabrosa" y "bolas de compuestos amiláceos", e imaginó que la carne artificial llegaría en forma de tabletas, disponibles "en cualquier color y forma" que el consumidor deseara.

El ángulo menos contado: no hablaba de ciencia ficción, sino de la lógica de su propio laboratorio

Cuando el periodista le preguntó directamente si la leche, los huevos, la carne y la harina llegarían a fabricarse en una fábrica en lugar de criarse o cultivarse, Berthelot respondió con un pragmatismo que sorprende más de un siglo después: "¿Por qué no, si resulta más barato y mejor fabricar esas mismas sustancias que cultivarlas?". No se trataba de una boutade ni de una fantasía literaria: para Berthelot, aquella predicción era la extensión lógica y directa de su propio trabajo de síntesis orgánica, comparable, según explicaba, a cómo la electricidad había sustituido a la llama abierta en otros terrenos de la vida cotidiana. Si la química podía fabricar en un matraz las mismas moléculas que la naturaleza tardaba meses en producir en un campo de trigo o en la ubre de una vaca, razonaba, no había ninguna razón fundamental para seguir dependiendo de la agricultura tradicional.

Se equivocó en la fecha, pero no en la idea de fondo

El año 2000 llegó y pasó sin que la humanidad renunciara a las granjas ni a los campos de cultivo, y durante casi un siglo la predicción de Berthelot quedó archivada como una de las curiosidades más citadas —y más ridiculizadas— de la historia de la divulgación científica. La química de síntesis que él dominaba resultó insuficiente por sí sola para replicar la complejidad de una proteína animal completa; hacía falta, además, la biología: organismos vivos, bacterias, levaduras u hongos, capaces de fabricar esas moléculas por fermentación, no solo por reacción química directa entre reactivos inorgánicos.

Por qué importa hoy

Esa pieza que le faltaba a Berthelot es, precisamente, la que ha terminado por completar su predicción, más de ciento treinta años después y con apenas un cuarto de siglo de retraso sobre la fecha que él mismo calculó. La llamada fermentación de precisión —el uso de microorganismos modificados para fabricar, mediante fermentación, proteínas idénticas a las que produce un animal o una planta— ha dejado de ser un proyecto de laboratorio para convertirse en una industria con calendario propio: la empresa californiana Every ya cuenta con estatus GRAS en Estados Unidos y varias notificaciones "sin objeciones" de la FDA para su clara de huevo fabricada sin gallinas; la start-up New Culture lanzó en 2025 mozzarella elaborada con caseína de fermentación de precisión en la pizzería Mozza de Los Ángeles; la finlandesa Onego Bio espera la misma autorización para su proteína de huevo producida con el hongo Trichoderma reesei; la francesa Standing Ovation persigue el estatus GRAS en 2025 y la aprobación plena de la FDA en 2026 para su caseína de fermentación; y la india Sterling Biotech puso en marcha a comienzos de 2026, en Guyarat, su primera planta dedicada por completo a fabricar proteína de leche sin una sola vaca de por medio. Ninguna de esas fábricas produce todavía tabletas de carne de cualquier color y forma, como imaginó Berthelot en su piso de París, pero todas parten exactamente de la misma apuesta que él defendió en 1894: que fabricar en una factoría, con microorganismos y reactores, puede llegar a ser más eficiente que cultivar en un campo o criar en una granja.

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