Como estudiante de doctorado trabajó solo en el sótano del laboratorio con la bacteria de la tuberculosis, firmó por un dólar los derechos de su propio descubrimiento, y vio cómo su profesor se llevaba en solitario el Nobel del fármaco.
En octubre de 1943, Albert Schatz, un estudiante de doctorado de 23 años que trabajaba en el sótano del laboratorio de Selman Waksman en Rutgers, aisló la estreptomicina, el primer antibiótico eficaz contra la tuberculosis. Firmó, junto a Waksman.
Una enfermedad sin ningún tratamiento eficaz
Hasta mediados de los años 40, la tuberculosis era una de las principales causas de muerte en el mundo y no existía ningún fármaco capaz de curarla: los pacientes se trataban con reposo, aire fresco y, en el mejor de los casos, colapso quirúrgico del pulmón afectado, sin ninguna garantía real de supervivencia. Selman Waksman, microbiólogo del suelo formado en Ucrania y afincado en la Universidad Rutgers de Nueva Jersey, llevaba años estudiando los actinomicetos, un grupo de microorganismos del suelo, convencido de que alguno de ellos podría producir una sustancia capaz de matar a la bacteria causante de la tuberculosis sin destruir al propio paciente.
Un estudiante que trabajaba solo, con la bacteria más peligrosa del laboratorio
Albert Schatz se incorporó al laboratorio de Waksman en 1943 como estudiante de doctorado, después de que una lesión de espalda lo apartara del servicio militar. Por ser la tuberculosis un patógeno peligroso, se le destinó a trabajar prácticamente en solitario en el sótano del edificio de agricultura de Rutgers, aislado del resto del equipo por razones de seguridad. Allí, examinando cultivos de actinomicetos del suelo uno tras otro, el 19 de octubre de 1943 comprobó que un extracto obtenido de una cepa concreta mataba a las bacterias de la tuberculosis en la placa de cultivo. Bautizó a la sustancia estreptomicina, y meses de pruebas posteriores confirmaron que también resultaba eficaz contra otras bacterias ya resistentes a la penicilina, el otro gran antibiótico descubierto una década antes.
El ángulo menos contado: un dólar de recompensa y una cláusula que nadie leyó hasta después
El 1 de mayo de 1946, Schatz y Waksman firmaron un acuerdo de patente en el que ambos recibían, como reconocimiento simbólico por figurar como inventores, un solo dólar cada uno; Schatz cedió además sus derechos de regalías del propio descubrimiento a la fundación de investigación de Rutgers, primero en Estados Unidos y después en el resto del mundo. Lo que Schatz no sabía entonces era que Waksman había negociado en paralelo, y en privado, un acuerdo distinto con esa misma fundación que le garantizaba a él personalmente un 20% de todas las regalías del fármaco, una cifra que hacia 1949 ya rondaba los 350.000 dólares. Cuando el acuerdo salió a la luz, Schatz presentó una demanda en marzo de 1950; el Tribunal Superior de Nueva Jersey falló el 29 de diciembre de ese mismo año que Schatz tenía derecho, legal y científicamente, a ser reconocido como codescubridor de la estreptomicina. El acuerdo extrajudicial posterior le otorgó 120.000 dólares por los derechos internacionales y un 3% de las regalías futuras, frente al 10% que conservó Waksman.
Un Nobel para uno solo, y una carrera que no se recuperó
En octubre de 1952, la Academia sueca concedió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en solitario a Selman Waksman, "por su descubrimiento de la estreptomicina, el primer antibiótico eficaz contra la tuberculosis", sin mencionar a Schatz pese a la sentencia judicial de dos años antes que ya lo reconocía como codescubridor. La revista The Lancet calificaría después esa decisión como "un error considerable" por no reconocer la contribución de Schatz. El propio Schatz, señalado dentro de la comunidad científica por haber demandado a su antiguo mentor, no volvió a encontrar trabajo en ningún laboratorio de microbiología de primer nivel durante el resto de su carrera. Solo en 1994, cuatro décadas después del Nobel, Rutgers le concedió su distinción más alta, la Medalla de la Universidad, tras años de gestiones de colegas como el profesor Karl Maramorosch para restituir su reputación.
Por qué importa hoy
La estreptomicina que Schatz aisló en un sótano hace más de ochenta años sigue en uso, pero la tuberculosis multirresistente que ha ido surgiendo desde entonces exige fármacos con mecanismos de acción completamente nuevos. El 30 de julio de 2025, la revista Nature publicó el desarrollo de CMX410, un compuesto creado por un equipo liderado por James Sacchettini, de Texas A&M AgriLife Research, y Case McNamara, del Instituto Calibr-Skaggs de Scripps Research, en colaboración con el premio Nobel Barry Sharpless. El compuesto bloquea de forma permanente una enzima bacteriana clave, la Pks13, que la bacteria de la tuberculosis necesita para construir la pared celular que la protege, uniéndose a ella mediante un grupo químico reactivo diseñado con metodología de química clic que impide que la bacteria pueda desarrollar resistencia con una sola mutación; en pruebas con 66 cepas distintas, incluidas variantes multirresistentes, el compuesto resultó eficaz en todas ellas. Más de ochenta años después de que un estudiante de doctorado aislara en solitario, en un sótano, el primer fármaco capaz de vencer a la tuberculosis, la ciencia sigue buscando la forma de que esa misma bacteria no vuelva a aprender a esquivarlo.