Convencido de que una bacteria, no el estrés, causaba las úlceras que la medicina llevaba décadas tratando con calmantes, se bebió él mismo un cultivo con la bacteria delante de testigos, sin permiso de ningún comité ético. Veintiún años después, ese vaso
En 1984, el gastroenterólogo australiano Barry Marshall, convencido junto a su colega patólogo Robin Warren de que la bacteria Helicobacter pylori —no el estrés ni las comidas picantes— causaba la mayoría de las úlceras pépticas, bebió un cultivo de la ba
Una doctrina de décadas: el estrés, el ácido y nada más
Hasta bien entrados los años 80, la medicina daba por cerrada la causa de la úlcera péptica: exceso de ácido estomacal, agravado por el estrés, el tabaco y las comidas picantes. El tratamiento estándar combinaba antiácidos, dieta blanda y, en los casos más graves, cirugía para extirpar parte del estómago; ningún manual médico serio contemplaba que una infección bacteriana pudiera sobrevivir siquiera en un ambiente tan ácido como el del estómago humano, considerado durante décadas prácticamente estéril por definición.
Un patólogo que veía espirales que nadie más quería mirar
En 1979, el patólogo australiano Robin Warren, del Royal Perth Hospital, empezó a notar en biopsias de estómago la presencia constante de una bacteria de forma espiral, siempre asociada a la inflamación gástrica, en un hallazgo que sus propios colegas patólogos tendían a descartar como una simple contaminación de laboratorio. En 1981, un joven residente de medicina interna llamado Barry Marshall se interesó por esas observaciones y empezó a colaborar con Warren para intentar cultivar la bacteria en el laboratorio y demostrar de forma sistemática su presencia en pacientes con gastritis y úlceras.
El ángulo menos contado: la bacteria solo creció porque alguien se olvidó de tirar unas placas durante un puente de Pascua
Durante meses, los intentos de cultivar la bacteria fracasaron uno tras otro: siguiendo el protocolo estándar de laboratorio, las placas de cultivo se desechaban a los dos días si no mostraban crecimiento visible, un plazo que resultó ser demasiado corto para una bacteria de crecimiento inusualmente lento. La ruptura llegó casi por accidente en la primavera de 1982, cuando un largo fin de semana de Pascua hizo que unas placas quedaran olvidadas en la incubadora durante cinco días en lugar de dos: al recuperarlas, Marshall y Warren encontraron, por fin, colonias visibles de la bacteria que después se bautizaría Helicobacter pylori. Sin ese descuido de calendario, el cultivo que permitió estudiar la bacteria en profundidad podría haber tardado mucho más en llegar.
Bebérselo él mismo, sin permiso de nadie
Convencido de que la bacteria era la causa, no solo un acompañante casual, de la gastritis y la úlcera, Marshall se topó con un obstáculo experimental: no existía un modelo animal fiable en el que probar la hipótesis. En el verano de 1984, sin autorización de ningún comité de ética ni conocimiento previo de su propia esposa, bebió él mismo un cultivo de Helicobacter pylori mezclado con caldo de carne. A los tres días desarrolló náuseas, mal aliento y vómitos; una endoscopia confirmó gastritis aguda con la bacteria colonizando su estómago, exactamente el cuadro que llevaba años defendiendo. Marshall aguantó varios días más antes de empezar tratamiento antibiótico, para poder documentar con precisión el curso completo de la infección que él mismo se había provocado.
Veinte años de escepticismo antes de un Nobel inesperado
Pese a la contundencia del autoexperimento, la comunidad médica tardó años en aceptar la idea, en parte por la inercia de una doctrina asentada durante décadas y en parte porque toda una industria farmacéutica de antiácidos y bloqueadores de ácido dependía de tratar la úlcera como una enfermedad crónica y no curable con un simple ciclo de antibióticos. Marshall y Warren siguieron publicando resultados clínicos cada vez más sólidos a lo largo de los años 80 y 90, hasta que en 2005 la Academia sueca les concedió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina "por el descubrimiento de la bacteria Helicobacter pylori y su papel en la gastritis y la úlcera péptica", veintiún años después de aquel vaso bebido sin permiso de nadie.
Por qué importa hoy
Más de cuarenta años después de aquellas placas olvidadas en la incubadora, Helicobacter pylori sigue infectando a más de la mitad de la población mundial y continúa siendo la principal causa evitable de cáncer gástrico, en parte porque las resistencias a antibióticos hacen cada vez más difícil erradicarla solo con el tratamiento que Marshall demostró sobre sí mismo. En marzo de 2026, la revista npj Vaccines publicó los resultados de una vacuna experimental de múltiples epítopos, que combina dieciséis fragmentos de seis factores de virulencia distintos de la bacteria en un solo antígeno, administrada en dos formulaciones —una proteína con adyuvante y un vector viral recombinante— a ratones infectados con la cepa SS1 de H. pylori. La combinación de ambas formulaciones en pauta de priming y refuerzo logró, según el estudio, la eliminación completa de la bacteria tanto en modelos preventivos como terapéuticos, con una respuesta inmunitaria equilibrada que los propios investigadores plantean ya llevar a estudios de toxicología y a los primeros ensayos en humanos. Más de cuatro décadas después de que un médico se bebiera una bacteria para demostrar que causaba enfermedad, la ciencia trabaja ahora en enseñarle al sistema inmunitario humano a reconocerla antes de que nadie tenga que beberse nada.