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Inoculó a un niño de ocho años con el pus de una llaga de vaca, sin saber si sobreviviría, y dos meses después lo expuso deliberadamente a la viruela real para comprobar si el experimento había funcionado. La primera vacuna de la historia nació de una apu

El médico rural inglés Edward Jenner inoculó en 1796 a James Phipps, un niño de ocho años, con material extraído de una pústula de viruela vacuna, y meses después comprobó que el niño se había vuelto inmune a la viruela humana. El experimento sentó las ba

✍️ Montse 📅 10 de September de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 2 visitas
Inoculó a un niño de ocho años con el pus de una llaga de vaca, sin saber si sobreviviría, y dos meses después lo expuso deliberadamente a la viruela real para comprobar si el experimento había funcionado. La primera vacuna de la historia nació de una apu

Una observación campesina que la medicina culta había ignorado

Edward Jenner nació en 1749 en Berkeley, un pueblo rural del suroeste de Inglaterra, y se formó como cirujano en Londres bajo la tutela del anatomista John Hunter antes de regresar a ejercer la medicina en su localidad natal. Allí, como tantos médicos rurales de su época, oyó repetir una creencia popular entre las lecheras de la zona: quienes habían padecido la viruela vacuna o "cowpox", una infección leve que se contagiaba al ordeñar vacas enfermas y que provocaba solo unas pocas pústulas en las manos, nunca después contraían la viruela humana, una enfermedad que en el siglo XVIII mataba a cerca de un tercio de quienes la sufrían y desfiguraba o cegaba a buena parte de los supervivientes.

Un experimento que hoy ningún comité de ética aprobaría

La variolización —inocular deliberadamente a una persona sana con material de un enfermo de viruela leve para inmunizarla— ya se practicaba en Inglaterra desde principios del siglo XVIII, pero el propio Jenner la había sufrido de niño, con semanas de fiebre y aislamiento que jamás olvidó. Convencido de que el cowpox podía ofrecer la misma protección sin el riesgo de la viruela real, el 14 de mayo de 1796 Jenner extrajo pus de una pústula de cowpox de la mano de Sarah Nelmes, una lechera contagiada por su vaca Blossom, y lo inoculó en los brazos de James Phipps, el hijo de ocho años de su jardinero. El niño desarrolló fiebre y malestar leve durante unos días y se recuperó por completo. Dos meses después, Jenner llevó el experimento hasta un extremo que ninguna normativa médica actual permitiría: inoculó deliberadamente a Phipps con material de una pústula de viruela humana activa, para comprobar si el niño había quedado inmune. Phipps no desarrolló la enfermedad.

El ángulo menos contado: la Royal Society rechazó publicar su hallazgo por falta de pruebas

Jenner repitió el experimento con otros niños, incluido su propio hijo, y en 1797 envió sus resultados a la Royal Society de Londres, la institución científica más prestigiosa del país, convencido de que la comunidad médica recibiría el hallazgo con entusiasmo inmediato. La Royal Society rechazó el manuscrito, alegando que sus conclusiones eran demasiado atrevidas para el escaso número de casos que las respaldaba, y le recomendó no publicarlas si quería conservar la reputación que ya tenía como cirujano. Jenner, lejos de abandonar, financió de su propio bolsillo un pequeño tratado publicado en 1798 titulado An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae, en el que acuñó el término "vacuna", derivado del latín vacca, en honor al origen bovino de su descubrimiento.

De la burla inicial a la inoculación gratuita

Las primeras reacciones fueron de escepticismo y hasta de burla pública: caricaturas de la época mostraban a pacientes vacunados a los que les crecían cuernos y ubres tras el procedimiento. Pero la evidencia de que la vacunación funcionaba se acumuló con rapidez, y en 1802 el Parlamento británico concedió a Jenner una recompensa económica oficial por su descubrimiento, ampliada en 1807; llegó a fundar en Londres una institución dedicada a vacunar gratuitamente a la población. Jenner murió en 1823, sin haber patentado nunca su método ni haber intentado enriquecerse con él.

Por qué importa hoy

Doscientos treinta años después de que Jenner inoculara a James Phipps con pus de una pústula de vaca, el principio que descubrió sigue protegiendo al mundo de una enfermedad que ya no circula de forma natural. El 29 de junio de 2026, la Administración para la Preparación y Respuesta Estratégica (ASPR) del Departamento de Salud de Estados Unidos amplió por 52,7 millones de dólares su contrato de una década con la farmacéutica Emergent BioSolutions, con sede en Gaithersburg, Maryland, para reponer las reservas nacionales de ACAM2000, la vacuna de virus vaccinia vivo —heredera, en última instancia, del mismo principio del cowpox que empleó Jenner— indicada tanto contra la viruela como contra el mpox. La ampliación responde a que Estados Unidos sigue clasificando la viruela como una amenaza creíble de bioterrorismo pese a su erradicación natural en 1980, y a que el mpox continúa circulando activamente en distintas regiones del planeta; la vacuna ha recibido además aprobaciones regulatorias recientes en Arabia Saudí y Singapur. Más de dos siglos después de que la Royal Society rechazara publicar el experimento de Jenner por falta de pruebas, ningún gobierno duda hoy de que aquel niño de ocho años inoculado con pus de vaca cambió para siempre la forma en que la humanidad se protege de sus enfermedades más letales.

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