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Le dijeron que dejara el laboratorio en cuanto se le notara el embarazo. Ella se quedó, y acabó cambiando el diagnóstico médico para siempre

Rosalyn Yalow, física nuclear formada en un mundo que apenas dejaba entrar a las mujeres, inventó una técnica capaz de detectar una cucharadita de azúcar disuelta en un lago de cien kilómetros.

✍️ Montse 📅 25 de August de 2026 ⏱ 4 min de lectura 👁 7 visitas
Primer plano de un vial de laboratorio con líquido trazador junto a un contador de radiación de época en un laboratorio clínico

Una hipótesis que resultó ser exactamente al revés

En 1950, Rosalyn Yalow montó uno de los primeros laboratorios de radioisótopos dentro de un hospital de veteranos en el Bronx, Nueva York. Poco después se le unió el médico Solomon Berson, con quien mantendría una colaboración científica de veintidós años. Su primer gran proyecto conjunto ponía a prueba una hipótesis del investigador Arthur Mirsky: que la diabetes del adulto no se debía a una falta de insulina, sino a que el hígado la destruía con una rapidez anormal. Para comprobarlo, inyectaron insulina marcada con yodo radiactivo a pacientes diabéticos y no diabéticos, y siguieron su rastro por el organismo con instrumentos de detección radiactiva. El resultado no confirmó la hipótesis: fue justo lo contrario. En los pacientes que ya habían recibido insulina como tratamiento, la insulina marcada desaparecía de la sangre más despacio, no más rápido, que en quienes nunca la habían recibido.

Una idea que la inmunología de la época consideraba imposible

Yalow y Berson interpretaron ese hallazgo de una forma que, en 1956, sonaba casi herética: el cuerpo debía de estar fabricando anticuerpos contra la insulina inyectada, algo que la comunidad inmunológica de entonces daba por imposible para una molécula tan pequeña. Las técnicas inmunológicas disponibles no eran lo bastante sensibles para detectar anticuerpos en concentraciones tan bajas, así que la pareja desarrolló un método propio, basado en isótopos radiactivos, capaz de medir con extrema precisión complejos de antígeno-anticuerpo. Ese método recibió el nombre de radioinmunoanálisis, y su primer artículo tuvo tantas resistencias editoriales que los revisores exigieron eliminar la palabra "anticuerpo" del título antes de aceptarlo, aunque los datos permanecieran intactos.

El ángulo menos contado: los obstáculos que no aparecen en la ficha del Nobel

Yalow llegó a ese punto tras un camino que ella misma describió como una lucha constante contra el sistema. Fue la primera mujer en licenciarse en física en el Hunter College de Nueva York, y más tarde la única mujer entre cuatrocientos miembros de la facultad de ingeniería en la Universidad de Illinois. En el hospital de veteranos donde trabajaba, la normativa obligaba a las empleadas a dejar sus puestos en cuanto el embarazo fuera visible; Yalow, embarazada durante parte de aquella investigación, simplemente ignoró la norma y siguió trabajando. Su propio marido padecía diabetes, un dato que rara vez se menciona pero que explica en parte por qué eligió precisamente la insulina como punto de partida de toda su carrera.

Una sensibilidad que abrió la puerta a medir casi cualquier cosa en sangre

El radioinmunoanálisis resultó ser tan sensible que, según describió la propia Yalow en su discurso del Nobel, era capaz de detectar el equivalente a una cucharadita de azúcar disuelta en un lago de cien kilómetros de longitud. En su conferencia de 1977 llegó a enumerar más de un centenar de sustancias biológicas —hormonas, vitaminas, fármacos, enzimas, virus— que podían medirse con esta técnica en concentraciones antes indetectables. Gracias a ella se hizo posible diagnosticar con precisión el enanismo hormonal, detectar malformaciones fetales, depurar los bancos de sangre de enfermedades infecciosas y controlar el dopaje en el deporte.

Por qué importa hoy

En 1977, Rosalyn Yalow recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina —compartido con Roger Guillemin y Andrew Schally—, convirtiéndose en la segunda mujer en la historia en ganar ese premio y la primera nacida en Estados Unidos. Casi cincuenta años después, prácticamente cualquier análisis hormonal de sangre que se realiza hoy en un centro de salud, desde una prueba de tiroides hasta un control de fertilidad, desciende directa o indirectamente del principio que ella y Berson desarrollaron para resolver una simple duda sobre por qué la insulina inyectada no desaparecía como debía.

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