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Un estudiante de doctorado de 23 años pasó meses respirando el polvo de un sótano de laboratorio junto a la bacteria de la tuberculosis. Encontró la primera cura real contra ella, y su propio director se llevó en solitario el Nobel por su hallazgo

En octubre de 1943, Albert Schatz, estudiante de doctorado de 23 años en el laboratorio de Selman Waksman en la Universidad de Rutgers, aisló la estreptomicina, el primer antibiótico eficaz contra la tuberculosis.

✍️ Montse 📅 30 de August de 2026 ⏱ 5 min de lectura 👁 11 visitas
Un estudiante de doctorado de 23 años pasó meses respirando el polvo de un sótano de laboratorio junto a la bacteria de la tuberculosis. Encontró la primera cura real contra ella, y su propio director se llevó en solitario el Nobel por su hallazgo

Un estudiante al que pusieron a trabajar solo, a propósito, en un sótano

Albert Schatz se había alistado en el ejército estadounidense y recibido la baja médica antes de volver a Rutgers para completar su doctorado bajo la dirección de Selman Waksman, catedrático de microbiología del suelo especializado en actinomicetos, un grupo de bacterias filamentosas responsables de buena parte del característico olor a tierra húmeda. Dado que el trabajo exigía manipular cultivos vivos del bacilo de la tuberculosis, entonces una de las principales causas de muerte en el mundo y sin ningún tratamiento antibiótico eficaz, Waksman decidió que Schatz trabajara aislado del resto del equipo, en un pequeño laboratorio situado en el sótano del edificio, cribando cientos de muestras de tierra en busca de microorganismos capaces de inhibir su crecimiento.

Dos cepas de la misma especie, semanas de cultivos que no daban resultado

Durante meses, Schatz repitió el mismo procedimiento metódico: aislar actinomicetos de muestras de suelo y de compost, cultivarlos junto al bacilo tuberculoso, y comprobar si alguna de sus secreciones detenía el crecimiento bacteriano. El 19 de octubre de 1943, confirmó que dos cepas distintas de Streptomyces griseus producían una sustancia capaz de frenar por completo al bacilo de la tuberculosis en el cultivo, algo que ningún compuesto probado hasta entonces por el laboratorio de Waksman había conseguido. Bautizó la sustancia estreptomicina.

El ángulo menos contado: un contrato de royalties firmado sin que el propio descubridor lo supiera

Como era práctica habitual en la universidad, Schatz cedió los derechos de su hallazgo a la Fundación de Investigación de Rutgers. Lo que no sabía entonces era que, en un acuerdo privado y posterior, Waksman se había reservado para sí mismo un 20% de las regalías derivadas de la patente, una cifra que con el tiempo llegaría a superar los 350.000 dólares, mientras el propio Schatz no recibía ninguna compensación equivalente y veía, según relató después, cómo su director restaba peso a su papel en el descubrimiento ante la prensa y la comunidad científica. Schatz descubrió la existencia de ese acuerdo en 1949, seis años después de haber aislado la estreptomicina con sus propias manos en aquel sótano.

Un juicio contra su propio director de tesis

En marzo de 1950, Schatz demandó a Waksman y a la Fundación de Investigación de Rutgers. El 29 de diciembre de ese mismo año, el Tribunal Superior de Nueva Jersey falló a su favor, reconociendo por escrito que tenía derecho, "legal y científicamente, a ser considerado codescubridor" de la estreptomicina. El acuerdo extrajudicial posterior le concedió 120.000 dólares por los derechos de patente en el extranjero y un 3% continuado de las regalías, en torno a 15.000 dólares anuales.

Un Nobel que llegó dos años después, solo para uno de los dos nombres

Pese a esa sentencia, en octubre de 1952 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina se concedió únicamente a Selman Waksman, "por su descubrimiento de la estreptomicina", sin ninguna mención a Schatz. La revista The Lancet calificaría después esa decisión como "un error considerable, al no reconocer la contribución de Schatz". La disputa pasó factura a la carrera académica de Schatz, que tuvo dificultades para encontrar puestos estables en microbiología durante años, mientras Waksman se consolidaba como una figura pública de la ciencia estadounidense. El reconocimiento tardío llegó en 1994, cuando Rutgers le concedió su Medalla Universitaria en el cincuenta aniversario del descubrimiento. Schatz murió en 2005.

Por qué importa hoy

Ocho décadas después de que Schatz cribara, cultivo a cultivo y a mano, cientos de muestras de tierra en un sótano de Rutgers, la búsqueda de nuevos antibióticos se libra hoy también en un ordenador. El 14 de agosto de 2025, un equipo dirigido por el ingeniero biomédico James Collins, del MIT, publicó en la revista Cell el diseño de nuevos compuestos antibióticos mediante dos modelos de inteligencia artificial generativa, capaces de proponer más de 36 millones de moléculas candidatas a partir de fragmentos químicos. Dos de esas moléculas, bautizadas NG1 y DN1, resultaron eficaces en pruebas de laboratorio: NG1 interfiere con la síntesis de la membrana de Neisseria gonorrhoeae, la bacteria resistente a fármacos responsable de la gonorrea, y DN1 eliminó infecciones de estafilococo dorado resistente a la meticilina, el SARM, en ratones. Ocho décadas después de que la estreptomicina naciera de la paciencia de un estudiante solo en un sótano, la misma búsqueda de un compuesto capaz de matar a una bacteria resistente se libra hoy contra el reloj de la resistencia a los antibióticos, y a una escala que ningún cribado manual podría igualar.

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