Sus profesores lo consideraban un chico corto de luces. Con dinero que salía en parte de los discos de los Beatles, construyó la máquina que por primera vez permitió ver dentro de un cráneo vivo sin abrirlo
Godfrey Hounsfield nunca tuvo un doctorado. Aprendió electrónica reparando radares durante la Segunda Guerra Mundial y, ya en la discográfica EMI, ideó un método para reconstruir por ordenador el interior del cuerpo humano a partir de miles de rayos X. El
Un alumno al que sus profesores no le auguraban ningún futuro
Godfrey Hounsfield, nacido en 1919 en una granja del centro de Inglaterra, no fue nunca un estudiante destacado: sus propios profesores llegaron a describirlo como un chico "corto de luces". Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Royal Air Force, donde encontró por fin el terreno en el que sobresalía: reparar y modificar equipos de radar sobre la marcha, aprendiendo electrónica de forma prácticamente autodidacta. Terminada la guerra, obtuvo una titulación de ingeniería y se incorporó a EMI, la compañía discográfica y de electrónica británica, donde acabó dirigiendo el equipo que desarrollaba sus primeros ordenadores centrales.
Una idea nacida de la queja de un médico y de una obsesión con las pirámides
Durante unas vacaciones a mediados de los años 60, Hounsfield entabló conversación con un médico que se lamentaba de la escasa calidad de las radiografías cerebrales: los rayos X convencionales apenas distinguen los tejidos blandos del cerebro entre sí. Aquella queja conectó con una idea que Hounsfield llevaba tiempo dándole vueltas, la posibilidad de deducir el contenido de una caja cerrada sin necesidad de abrirla. De la combinación de ambas surgió el concepto: en lugar de una única radiografía plana, dividir la cabeza en finas capas imaginarias, atravesar cada capa con haces de rayos X desde muchos ángulos distintos, y usar un algoritmo informático para reconstruir matemáticamente, a partir de esa enorme cantidad de datos de absorción, una imagen detallada de cada sección. Había nacido la tomografía computarizada.
El ángulo menos contado: comprada con dinero de discos antes de fabricarse una sola pieza
EMI mostró al principio poco entusiasmo por el proyecto, y Hounsfield tuvo que rebuscar piezas en el contenedor de chatarra del propio laboratorio para montar su primer prototipo. Su superior, el ingeniero Bill Ingram, consiguió el respaldo interno de una forma poco ortodoxa: vendió por adelantado cuatro escáneres al Departamento de Salud y Seguridad Social del Reino Unido antes de que existiera una sola máquina terminada. Pero la parte menos contada de la historia es de dónde salía, en general, el dinero para sostener un laboratorio de investigación que durante años no prometía ningún producto comercial: EMI era entonces una de las mayores discográficas británicas, con los Beatles bajo contrato exclusivo y unas ventas de discos extraordinarias a lo largo de toda la década, beneficios que ayudaban a financiar de forma cruzada los laboratorios centrales de investigación de la compañía, el mismo departamento en el que Hounsfield llevaba años trabajando en su idea de escanear cajas cerradas.
Una mujer de mediana edad, un tumor del tamaño de una ciruela
El 1 de octubre de 1971, en el Hospital Atkinson Morley de Londres, el equipo de Hounsfield escaneó a una paciente de mediana edad con sospecha de tumor cerebral. El proceso requirió unos treinta minutos de exploración y varias horas más de procesamiento informático para reconstruir la imagen. El resultado reveló una masa quística del tamaño aproximado de una ciruela en el lóbulo frontal izquierdo, y dejó obsoletos de la noche a la mañana buena parte de los métodos de imagen cerebral empleados hasta entonces.
Un Nobel compartido con el físico al que nadie había hecho caso antes
EMI comercializó el primer escáner en 1972, limitado en un inicio a estudios de cabeza. En 1979, Hounsfield compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina con el físico Allan Cormack, que años antes había desarrollado en solitario buena parte de la teoría matemática necesaria para reconstruir imágenes a partir de proyecciones de rayos X, un trabajo que había pasado casi inadvertido hasta que la máquina de Hounsfield demostró que la idea funcionaba en la práctica. Hounsfield fue nombrado caballero en 1981, y la escala de densidad radiológica que se usa hoy en cada escáner del planeta lleva su nombre: la unidad Hounsfield.
Por qué importa hoy
El 23 de marzo de 2026, la agencia estadounidense del medicamento concedió a GE HealthCare la autorización para comercializar Photonova Spectra, un escáner de tomografía computarizada por conteo de fotones que, a diferencia de la tecnología de Hounsfield, no convierte primero los rayos X en luz visible para medirlos: los cuenta directamente uno a uno y mide su energía individual, distinguiendo con una precisión mucho mayor materiales como el yodo, el calcio o la grasa dentro de un mismo tejido. El sistema procesa hasta cincuenta veces más datos que un escáner convencional gracias a procesadores gráficos de Nvidia, y completa una rotación completa en 0,23 segundos. Más de medio siglo después de que el prototipo de Hounsfield tardara media hora en escanear una sola cabeza y horas más en procesar la imagen, la ingeniería sigue reinventando la física básica de cómo se miden los fotones de rayos X que atraviesan un cuerpo vivo.