Sus rivales tenían más dinero, más científicos y mejores laboratorios, y los expertos decían que el rubí no servía. Él metió una barra de rubí dentro del flash en espiral de un fotógrafo y encendió el primer láser del mundo.
El 16 de mayo de 1960, el físico estadounidense Theodore Maiman (1927-2007), de los Laboratorios de Investigación Hughes en Malibú (California), hizo funcionar el primer láser con una barra de rubí sintético.
Un ingeniero que desconfiaba del consenso
Theodore Harold Maiman nació en 1927 en Los Ángeles, hijo de un ingeniero eléctrico, y de joven se ganaba la vida reparando aparatos eléctricos y radios. Se doctoró en física en la Universidad de Stanford y en 1956 entró en los Laboratorios de Investigación Hughes. A finales de los años cincuenta, varios grandes laboratorios competían por construir un máser óptico, un dispositivo capaz de amplificar luz visible por emisión estimulada, el fenómeno que Albert Einstein había predicho en 1917. Los favoritos, como los Laboratorios Bell o el equipo de Charles Townes y Arthur Schawlow, apostaban sobre todo por gases. El rubí, el material que Maiman conocía bien porque ya lo había usado en un máser de microondas, había sido descartado por algunos de ellos: las primeras mediciones sugerían que su rendimiento sería demasiado bajo.
Una barra de rubí dentro de un flash
Maiman revisó las mediciones y concluyó que el rubí sí podía funcionar si se le bombeaba con luz lo bastante intensa. Buscó en catálogos la lámpara más potente y encontró los flashes en espiral de xenón que se usaban en fotografía. Metió dentro de uno de ellos una pequeña barra de rubí sintético de un par de centímetros, con los extremos plateados como espejos, uno de ellos con un pequeño orificio para que escapara la luz. El 16 de mayo de 1960, al disparar el flash por encima de cierta potencia, del extremo salió un pulso de luz roja intensa, de un color muy puro y concentrado en un haz estrecho. Era el primer láser. Todo el dispositivo cabía en la palma de la mano.
El ángulo que rara vez se cuenta: el artículo que nadie quiso publicar
Maiman envió su resultado a Physical Review Letters, la revista de referencia de la física estadounidense. Sus editores lo rechazaron, al parecer por considerarlo una comunicación más sobre máseres, un tema del que ya habían publicado demasiado. Hughes anunció el invento en una rueda de prensa en julio de 1960 y Maiman publicó en agosto una nota muy breve en la revista británica Nature. Aquel texto de apenas unos cientos de palabras es hoy uno de los artículos de física más influyentes del siglo XX. Durante años, el láser se describió en broma como una solución en busca de un problema. Maiman nunca recibió el Nobel.
La física de separar isótopos con luz
Un láser emite luz de una longitud de onda extraordinariamente precisa. Esa pureza permite hacer algo que ninguna otra fuente de luz consigue: excitar solo a los átomos o moléculas que absorben exactamente esa frecuencia. El uranio-235, el isótopo fisible, y el uranio-238 son químicamente idénticos, pero su diferencia de masa desplaza ligeramente las frecuencias a las que absorben luz. Si un láser se sintoniza con una de ellas, puede excitar de forma selectiva solo las moléculas que contienen uranio-235 y separarlas del resto. El proceso SILEX, desarrollado en Australia en los años noventa por Michael Goldsworthy y Horst Struve, aplica esta idea al hexafluoruro de uranio. Sus detalles técnicos están clasificados. Su atractivo es que promete enriquecer de forma más eficiente y con instalaciones más compactas que las cascadas de centrifugadoras actuales.
Por qué importa hoy
El 16 de septiembre de 2026, la australiana Silex Systems anunció un acuerdo exclusivo por el que Cameco, uno de los mayores proveedores mundiales de combustible nuclear, comprará toda la producción futura de la Planta de Enriquecimiento por Láser de Paducah, en Kentucky, que proyecta Global Laser Enrichment (GLE), empresa participada en un 51% por Silex y en un 49% por Cameco. Paducah albergó una antigua planta de enriquecimiento por difusión gaseosa, y GLE pretende volver a enriquecer las colas de uranio empobrecido acumuladas allí durante décadas, bajo un acuerdo con el Departamento de Energía: prevé obtener unas 70.000 toneladas de material equivalente a uranio natural a partir de más de 200.000 toneladas de colas. GLE alcanzó el nivel de madurez tecnológica TRL 6 tras un programa de demostración a gran escala en Wilmington, en Carolina del Norte, presentó en julio de 2025 la solicitud de licencia a la Comisión Reguladora Nuclear y su consejero delegado, Stephen Long, espera obtenerla a comienzos de 2027. La planta aspira a servir a todos los mercados de enriquecimiento: uranio poco enriquecido convencional, el llamado LEU+, de entre el 5% y el 10%, y el HALEU que necesitan muchos reactores avanzados. El acuerdo con Cameco es una pieza clave para la futura decisión final de inversión, todavía pendiente. Sesenta y seis años después de que un físico rechazado encendiera un flash de fotógrafo alrededor de una barra de rubí, la luz que él domesticó aspira a convertir en combustible los residuos de la vieja industria nuclear.